Viernes. 24.05.2019

LA FACTURACIÓN HA CRECIDO UN 31%

La cerveza artesana no se ha quedado en unos cuantos hipsters

La cerveza artesana no se ha quedado en unos cuantos hipsters

La cultura de la cerveza artesana ha llegado para quedarse. Tal es así que cada vez son más los ‘nómadas’ que se dedican a fabricar en garajes sus propias recetas para un sector que factura más de 47 millones de euros y cuya producción supera los 170.000 hectolitros.  

La cerveza artesana no se ha quedado en unos cuantos hipsters

La cerveza es la bebida social favorita de los españoles adultos en las reuniones de familiares y amigos, en casa o en los bares. Además se ha convertido en el acompañamiento ideal para ver el fútbol. Prueba de ello es el elevado volumen de facturación del dorado, negro o rojizo licor del lúpulo: en torno a los 4.800 millones de euros anuales. Posición que nos ha situado como cuarto país más cervecero de Europa, según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

En los últimos años, esta tradición tan ligada al 'tapeo' ha desembocado en la sofisticación de los paladares y, por derivación, del sector. Los consumidores han cambiado y buscan sabores distintos y más ligados a la tierra. De ahí el boom de la cerveza artesana, que según los datos de la consultora Informa DBK en 2017 (últimos disponibles) aumentó su facturación en España un 31%, hasta los 47 millones de euros. Además, las 511 cerveceras del ramo produjeron 170.000 hectolitros. Peccata minuta comparado con el global del sector, pero que hace que ya no sea sólo cosas de hipsters.

Lo cierto es que la cultura del lúpulo ha llegado para quedarse y pese a ocupar sólo una gota en el océano de la producción “ha pasado lo mismo que con el vino. Cuando empezaron a elaborarse caldos de autor, las grandes bodegas decían que era una moda, y no fue así”, explicó Nora Arrieta, socia y la maestra cervecera de Eterna, fabricante madrileño de reciente creación cuyas seis variedades se distinguen por la Catrina mexicana de las etiquetas que visten sus Lager Helles e Indian Pale Ale.

Tal es el éxito de la cerveza artesana que cada vez atrae más la atención de las grandes compañías. Así lo atestigua la compra de pequeñas cerveceras por parte de los gigantes del sector que ya comercializan especialidades más elaboradas como la doble malta. Mahou, por ejemplo, posee el 40% de la fábrica familiar madrileña Nómada Brewing e InBev ha comprado La Virgen. Algo que, "por un lado (a los pequeños productores) nos ha beneficiado y ha ayudado a crear cultura. Pero por otro, tener una multinacional detrás les da ventaja y nos comen gran parte del mercado”, puntualiza Arrieta. 

Una semana para ‘[email protected][email protected]

Tanto está calando la cultura de la cerveza que a principios de mes se celebró la quinta edición de Artesana Week Lavapiés (AWL), una cita que desde 2013 apuesta por las emprendedoras y los productores nómadas. 33 cerveceras independientes pincharon barriles con más de 400 variedades en 31 locales del citado barrio madrileño. 14 fabricantes eran de la Comunidad de Madrid y 19 de otra quincena de provincias españolas. Así, Lavapiés ejerció de punto de encuentro entre creadores, hosteleros y público para evaluar el estado de un sector que en España ha crecido un 30% desde 2015, según la Agencia Española de Seguridad Alimenticia y Nutrición y que casi ha duplicado el número de cerveceras, de 361 se ha pasado a 511.

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Una de las cosas que han quedado patentes, tras esta quinta edición, es que han aumentado los proyectos gestionados por mujeres. Quiònia Pujol es copropietaria de Farmbrewery Lo Vilot. Esta granja cervecera de la comarca del Segrià (Lleida) produce y transforma todos los ingredientes necesarios para elaborar sus 19 cervezas artesanas, cuya producción supera los 40.000 litros anuales. Además, comercializa sus propios lúpulos y cebadas. Su proyecto ejemplifica el emprendimiento sostenible a través de la cerveza artesana en entornos rurales. Así, la emprendedora ilerdense y su cerveza de granja han sido reconocidas con el Premio Emprendeduría Quintanes BBVA 2018. “La cerveza artesana es un producto muy local y una manera de apoyar el comercio de proximidad”, explica Pujol. 

También son mujeres las cooperativistas de Bailandera, para las que la igualdad es una seña de identidad. “Aunque no hagamos lo mismo, valemos lo mismo”, subrayan. Y es que las cinco féminas de la cooperativa cobran el mismo salario, “ni un céntimo más ni un céntimo menos”. Sus cervezas transmiten la esencia de su origen, la Sierra Norte de Madrid, ya que se elaboran con ingredientes ecológicos y de proximidad cultivados en la localidad de Bustarviejo.

El garaje no es sólo cosa de Apple o Microsoft

La quinta edición de Artesana Week de Lavapiés prestó especial atención al original espíritu asociativo de los nómadas cerveceros. La realidad es que muchos no pueden producir de forma independiente por falta de medios y recurren a la colaboración con otros cerveceros. “Unos alquilan porque no tienen recursos para crear su propia fábrica, pero otros mantienen la opción colaborativa como filosofía empresarial o incluso como una forma de vida”, apunta Antonio Cortés, gerente de Chinaski.

Precisamente este es también el caso de Arrieta y su Eterna, “yo creo mis recetas en el garaje de la casa de mis padres y luego la presento en distintas fábricas donde las comercializo”, señala. 

Claudio Morgado y Jorge Matamala son otros dos ejemplos del origen casero de cualquier artesano de la cerveza que se precie. Tras varios años elaborando sus ‘rubias’ en una cochera, han obtenido el premio Botella de Oro de La Tienda de la Cerveza, un reconocimiento a los mejores homebrewers (así se denomina en inglés a los pequeños productores del mundillo).  Un "salto a la gloria", comentan, que les permitió lanzar al mercado su primera IPA, Matmor Elephant’s Choice. La segunda, Mouse in the garage la presentaban en la Artesanan Week de Lavapiés.

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Reino Unido y Vallecas se hermanan en Lavapiés

Madrid es uno de los referentes del sector con una veintena de cerveceras independientes. Una de ellas se ubica en Puente de Vallecas, es la Compañía de Cervezas Valle del Kahs (CCVK). Su historia merece ser mencionada, una familia del barrio reformó una antigua fábrica de lejías con una finalidad: reunir a sus vecinos en torno a “cervezas con un punto de locura”. Además, es de las que también apuesta por la producción ecológica, llevando la piña, el mango y el maracuyá a su elaboración de exótico nombre, Puro Tropikal.

Ahora bien, el atractivo de la cerveza artesana no es autóctono de España y a la feria también ha acudido algún que otro 'nómada' internacional. Es el caso de Oso Crew, microcervecero nómada británico y “residente en Lavapiés” que ha elaborado Cerveza de Mesa -amarga con notas cítricas- y Citrus Cream Ale -suave, con ralladura de limón y naranja- “refrescantes pero complejas, sabrosas pero refinadas”.

La cerveza artesana no se ha quedado en unos cuantos hipsters