miércoles. 19.02.2020

COBRAN EN 79 DÍAS DE MEDIA

Los dos graves efectos de la morosidad para los transportistas autónomos

Los dos graves efectos de la morosidad para los transportistas autónomos

Para los transportistas autónomos la morosidad tiene dos consecuencias negativas: un sobrecoste en el ejercicio de su actividad y un riesgo para la continuidad de la misma. Algunos tienen incluso que pedir préstamos para cubrir los retrasos en el cobro. La clave de todo esto está en la ley de contratos

Los dos graves efectos de la morosidad para los transportistas autónomos

La mayoría de los transportistas autónomos cobran su trabajo casi tres meses después de haberlo realizado. Desgraciadamente, la morosidad se ha convertido casi en un rasgo más de su actividad. Hasta el punto de que estos autónomos se ven obligados a pactar, sistemáticamente, plazos de pago por encima de los que marca la Ley de morosidad, arriesgándose a incurrir en sobrecostes cuando deben pedir créditos para cubrir los retrasos en los pagos o, incluso, a abandonar la profesión cuando no pueden hacer frente a los impagos, por la quiebra de sus clientes, que también se produce en algunos casos.

Según el Observatorio permanente de la morosidad del sector, que lleva realizando y actualizando la Federación Nacional de Asociación de Transportes en España (Fenadismer) desde 2012, los plazos medios de pago fueron de 79 días el pasado enero en el sector del transporte. Son dos días menos que en el mes anterior y uno menos en comparación con la media de 2019 (80 días).

El dato, a pesar de la ligera reducción, refleja el alto grado de morosidad que sufre el sector y que afecta al 65% de los transportistas que operan de forma independiente. Además de que, en todo momento, se incumple con la Ley de Morosidad que marca un límite máximo para cobrar de 60 días desde la prestación del servicio.

Consecuencias para los transportistas autónomos

Para el vicepresidente de la Federación Española de Transporte Discrecional de Mercancías (Fetransa), José Carlos López Jato, esta morosidad intrínseca que sufre el sector tiene dos consecuencias fundamentales para el trabajador autónomo: un sobrecoste en el ejercicio de su actividad y un riesgo para la continuidad de la misma.

Según explicó, la tardanza en los pagos hace que los transportistas por cuenta propia tengan que solicitar determinados productos financieros para conseguir liquidez. “La morosidad nos supone un importante coste financiero, pues nos vemos obligados a utilizar determinadas líneas de crédito u otro tipo de productos, para conseguir el efectivo que necesitamos y poder continuar con el ejercicio de nuestra profesión” explicó López.

Además, la situación se agrava cuando se concatenan los meses sin cobrar y se van arrastrando las facturas pendientes de cobro. Ésto hace que en el sector se hable de 'cobrar a dos facturaciones y media’. “Imagina el caso de un autónomo que cobra sus servicios de transporte a 75 días. El servicio que él realizó en el mes de enero, lo va a terminar cobrando en abril. Ya el 30 de febrero se habrían cumplido los 30 días de plazo máximo que marca la ley; el  30 de marzo se cumplirían los 60 días -aún legales, si  el plazo se acordara entre ambas partes- ; y a 15 de abril se sobrepasarían todos los límites previstos por la normativa” comentó el vicepresidente.

Pero el problema de la morosidad no termina aquí. Siguiendo con el mismo ejemplo, en ese mes de abril, el autónomo no sólo tendría pendiente de cobro la factura del mes de enero, sino las del resto de meses en los que ha estado trabajando, pero no ha cobrado. “Si éste pequeño transportista factura 7.000 euros al mes. A principios de abril, podría llegar a tener una deuda pendiente de cobro de 28.000”.

Razón ésta última por la que muchos recurren a la financiación bancaria. "Es un sobrecoste para nosotros. Creo que ahora las líneas de crédito tienen un interés del 6%. Si el autónomo solicita una de 7.000 euros (que es, supuestamente, lo que tendría que haber facturado en un mes), tendría que devolverle al banco 420 euros extra” afirmó el vicepresidente. Quien, además, precisó que los ejemplos dados son reales, se corresponden al caso de un autónomo del transporte ligero. Y "las cifras son mayores cuando hablamos del pesado”.

El otro problema es, tal vez, el que más le preocupa a los transportistas: que la factura pendiente se acabe convirtiendo en un impago. Es decir, no cobrar jamás por el servicio realizado. Aunque, "el riesgo de impago es muy pequeño. Las probabilidades de no cobrar por un servicio son de entre un 1% y un 2% ” añadió el vicepresidente de Fetransa.

Ahora bien, si el transportista autónomo sólo trabaja para “un cliente o para dos y no le pagan, un sólo impago puede ser muy peligroso para su actividad.  Su negocio podría hundirse, más aún teniendo en cuenta que las demás facturas se pueden cobrar con retraso" aseguró López. 

De hecho, el vicepresidente de Fetransa afirmó que conocía casos en los que muchos transportistas habían tenido que abandonar la actividad por los impagos. “Ellos habían realizado y gestionado bien su negocio, pero la empresa para la que estaban trabajando no. Y cuando llegó el momento de cobrar las facturas pendientes, la empresa no les pagó y tuvieron que abandonar. Muchos perdieron junto con el camión, la casa” aseguró. Esta situación fue muy frecuente durante los años de la crisis, de 2011 a 2014 principalmente.

La clave está en la Ley de contratos

La razón de esta extensión en los plazos de pago que sufren los transportistas autónomos está en la propia contratación del servicio. José Carlos López, de Fetransa comentó que, cuando se negocian, se acuerda tanto el coste, como el plazo de cobro. Y es precisamente este último aspecto el que da pie a los retrasos en el cobro: “aunque exista la Ley de Morosidad, nosotros tenemos una norma que se llama la Ley del Contrato del sector del transporte que establece que los pagos en el sector deberían producirse al contado (una vez finalizado el servicio), salvo que se llegue a un pacto sobre el plazo entre las partes”.

Según explicó, en esa negociación interviene el cargador y el transportista: “que son la parte fuerte contra la débil, respectivamente. Por lo que, normalmente, las condiciones del contrato son más ventajosas en ambos aspectos para el primero, que para el segundo. Una desventaja que hace que muchos autónomos se vean obligados a pactar por encima de los plazos estipulados por la Ley de morosidad".

Tres formas de gestionar el pago

En ese acuerdo se establece también cómo se va a producir el pago de ese servicio:

  1. El ingreso de la cuantía por transferencia se hace tras la fecha acordada.
  2. Por confirming. “El banco notifica al autónomo de que la empresa le va a pagar en el plazo acordado. Pero, y en el caso de que transportista necesite ese dinero antes, puede negociar su acceso con la entidad bancaria. Lo que está sujeto siempre al pago de comisiones” comentó López.
  3. Pagaré. La empresa envía un pagaré para que el autónomo pueda cobrarlo tras la fecha acordada. Aunque, como en el confirming, puede acceder antes si llega a un acuerdo con el banco.

Según el informe de morosidad del pasado mes de enero de Fenadismer, los métodos más utilizados para realizar los pagos en el sector fueron: transferencia (45%), confirming (38%) y pagaré (17%). También hubo un 1% que utilizó la emisión de cheques como método de pago.

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