miércoles. 12.08.2020

OFRECE MUCHO A UN PRECIO BASTANTE CONTENIDO

El Škoda Scala busca dar más por menos

El Škoda Scala busca dar más por menos
El Škoda Scala es un coche del que se ha hablado poco. La marca no pretende ofrecer el glamour, la deportividad o el equipamiento de otros modelos dentro del grupo VAG, pero es un vehículo lleno de virtudes como coche familiar a coste muy contenido.
El Škoda Scala busca dar más por menos

El grupo Volkswagen tiene perfectamente diferenciadas sus marcas, ofreciendo en cada una de ellas unas características que las hacen adecuadas a cada uno de los tipos de cliente a las que van dirigidas. Desde el lujo y representatividad de Audi, la fiabilidad de Volkswagen, la deportividad latina de SEAT y Cupra o las leyendas de Porsche, Bugatti, Lamborghini o Bentley.

Y en Skoda impera la lógica. La lógica de quien quiere comprar un coche para el uso cotidiano sin un coste elevado de utilización y con soluciones a las necesidades de ese cliente. El su modelo Scala es un ejemplo de ello.

Más por menos

Llegó al mercado para sustituir a los Skoda Spaceback y Rapid y lo hizo con el mismo razonamiento: dar más coche por menos. Utiliza la plataforma MBQ-A0 del grupo, la misma que utilizan, por ejemplo, el SEAT Ibiza o el Volkswagen Polo, pero aumentando la distancia entre ejes consigue que la longitud total del coche sea incluso 8 centímetros mayor que la de un Golf, lo que le otorga una habitabilidad interior envidiable en su segmento y uno de los mejores maleteros de su categoría. A cambio, su estética es un tanto sosa, aunque hay quien le gusta, y su diseño no es el punto más destacable, como ocurre en el caso de sus primos.

Mide 4,36 metros de longitud, 1,80 de ancho y 1,47 de altura, con una batalla (distancia entre ejes) de 2,65 metros. Una ventaja para quien busca espacio interior.  Su aspecto está entre un compacto y un familiar, con una gran superficie acristalada.

Las líneas exteriores sobrias y sencillas buscando la limpieza de diseño.

El interior está muy bien resuelto, con líneas rectas y sencillas, muy alemán, aunque el coche sea checo. La parte superior del salpicadero tiene un tacto blando y agradable, aunque en las partes inferiores, sin embargo, se abuse un poco de los plásticos duros para abaratar costes, aunque también respiren calidad.

Como todos los Skoda, incluye múltiples elementos “Simply Clever” que hacen más práctico usar el coche. Como el rasca vidrios para retirar el hielo del parabrisas, la pinza para el tique de aparcamiento, el paraguas en la puerta o el embudo para rellenar más cómodamente el depósito del limpia parabrisas.

El cuadro de mandos es analógico, pero la pantalla central no puede faltar, con unos menús simples y prácticos, aunque carece de navegador y debamos usar nuestro smartphone. La salvedad es elegir el sistema Amundsen, que lleva pantalla de 9,2 pulgadas con navegador, y un equipo de sonido de muy alta calidad. Por el contrario, el manejo de la climatización mixto de botones físicos y pantalla táctil no resulta muy práctico.

La consola central es estrecha y para camuflarlo, el freno de mano es manual. Aquí es uno de los momentos en que nos damos cuenta de que es un coche estrecho, proveniente de una plataforma pensada para un tamaño menor. Se nota igualmente en el ancho de la fila trasera de asientos, más adecuados para dos personas que para tres, aunque la distancia, tanto a la fila delantera como al techo, son destacables.

El maletero, por su parte, es de lo mejor del  Scala, con 467 litros de capacidad, que aumentan hasta los 1.419 si abatimos los asientos traseros. Tiene un plano de carga muy bajo y cómodo con la posibilidad de incorporar un gancho de remolque retráctil por 881 euros, que se abate y recoge de forma automática. Por ahí vienen los puntos fuertes de este vehiculo: su practicidad y funcionalidad.

En cuanto a los motores,. en gasolina porta los conocidos 1.0 TSi de 95 CV  y 115 CV con tres cilindros y un cuatro cilindros de 1.5 litros y 150 CV. En GNC (gas natural comprimido) hay un motor 1.0 de 110 CV y un diésel 1.6 TDi de 116 CV, que se oferta con cambio DSG, automático, de 7 velocidades.

Consumo reducido

La suspensión resulta rígida y seca, aunque sea un coche cómodo. La absorción de las irregularidades de la carretera es manifiestamente mejorable. En curvas, gira plano y noble, con una dirección bastante directa y precisa, aunque todo cambia si nuestra unidad instala el modo Sport, que mejora bastante las sensaciones de suspensión y del cambio automático.

El consumo, sobre todo en el diésel es muy bueno, con una media de unos 6,5 litros reales, alejados de los 4 que Skoda declara en catálogo, pero, en cualquier caso, ajustado. Las prestaciones de este motor sorprenden pese a los 116 C.V. que pueden parecer escasos, pero empuja con fuerza y se estira con rapidez.

Con lo que conviene andarse atento es con las opciones, ya que, si añadimos el chasis deportivo, el control de crucero adaptativo, el del ángulo muerto, o sea, si lo equipamos a tope nos podemos ir a un precio final por encima de los 35.000 euros. Precio similar al de una berlina de tamaño superior de su misma casa, el Skoda Octavia. Aún así, el coste base es razonable y ofrece motivos para, al menos, considerarlo como una opción de compra interesante para un coche de uso diario con buen espacio y buenos acabados.

El Škoda Scala busca dar más por menos