Viernes. 17.08.2018

UN NEGOCIO DISTINTO Y RENTABLE

Desde 1986 creando pelucas para personas con problemas capilares

Imagen del recibidor del centro Tizho's
Imagen del recibidor del centro Tizho's

Hay profesiones y profesiones, y luego está la de Mercedes Garrosa. Esta autónoma montó su propio centro capilar en 1986 y, desde entonces, ha estado creando pelucas para personas que han recibido tratamiento de quimioterapia o con algún otro problema capilar. Para que vuelvan a lucir como siempre. Su particular modelo de negocio hace que sus clientes acaban diciendo: “Este soy yo”.  

Desde 1986 creando pelucas para personas con problemas capilares

Los clientes que cruzan la puerta de Tizho’s en Madrid lo hacen porque tienen un problema con su cabello ya sea porque han seguido un tratamiento de quimioterapia o por alguna otra enfermedad capilar. Pero en este centro no verán ninguna peluca, no podrán elegirla en un muestrario y tampoco podrán probársela. Lo único que encontrarán es a Mercedes Garrosa y a su equipo de ocho personas dispuestos a diseñar una peluca que sea lo más parecida en color y corte a su propio pelo. Para que el día que se la ponga se reconozca al espejo y diga: “Este soy yo”.

Perder el pelo tras sufrir un tratamiento de quimioterapia es uno de los temores de una persona que ha padecido de cáncer. Según contó Mercedes Garrosa, técnico capilar y fundadora de Tizho’s, “a la gente cuando le dan quimio, lo primero que piensa es en su pelo. Se les borra la enfermedad por un momento y lo que les asusta es perder su cabello”. Además, se produce una situación muy compleja y es que “les cuesta mucho decir que llevan una peluca”.

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El antes y después de una de las clientas de Tizho's

Éste rechazo ha hecho que Garrosa no tenga pelucas en su centro. “No he querido que hubiera ninguna peluca porque es algo que espanta a muchos clientes. Tenemos un centro que no parece la típica tienda de pelucas. Cuando llegas a nuestro centro no sabes si estás en una oficina o en la redacción de una revista de moda” revela esta autónoma. Es precisamente el no tener el producto que venden en el establecimiento una de las particularidades de su modelo de negocio, y es que Tizho’s no es una tienda de pelucas al uso, sino que es un centro capilar. El establecimiento es muy “discreto”, está compuesto por un recibidor y tres cabinas privadas en las que lleva a cabo todo el proceso.

¿Cómo es el proceso de diseño de una peluca?

La primera regla para diseñar una peluca es que no se note que se lleva puesta. Por ello, cuando llegan a Tizho’s "tienen mucho miedo, porque tienen que confiar en mi y en lo que hacemos, porque al final están pagando entre uno 600 euros y 1.950 euros por una peluca que no saben cómo les va a quedar. Hacen una inversión para reproducir su imagen”.

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Imagen de una persona trabajando en la confección de una de las pelucas.

Para tranquilizar a sus clientes lo primero que hace es sentarse con ellos y explicarles todos los pros y los contras de llevar una peluca -uno de los puntos positivo es que son imperceptibles y uno de los negativos es que el pelo de la peluca da mucho calor, ya que hay más cantidad porque hay que tapar material-.  Una vez ofrecida toda la información, pasan al cliente a una cabina dónde empiezan a tomar medidas de toda la cabeza con el centímetro. Se trata de un proceso muy importante porque "todo tiene que ir al milímetro". Luego con celofán y celo envuelven la cabeza y marcan con un rotulador el punto exacto dónde nace su pelo. Finalmente, realizan un informe en el que describen y detallan cómo es el color de su pelo, los tonos de las mechas, etc. En el caso de que la persona acuda al centro sin pelo, se le pide que traiga una foto de un momento en el que se vea bien, para poder elaborar el informe.

Todo ello se envía a Barcelona, dónde una fábrica se encarga de confeccionar de manera artesanal las pelucas pelo a pelo. Se trata de cabello natural. Cuando llega la peluca, que tarda unos 19 días en confeccionarse, llaman al cliente, le citan para una fecha y ese día será cuando le laven la cabeza y terminen de quitarle todo el pelo que aún no se le ha caído. Se trata de un momento muy duro, por lo que en las cabinas tienen un estor para evitar que el cliente vea el proceso de rasurado.  

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Imagen de una de las cabinas con el estor bajado a la mitad.

Una vez se ha eliminado todo el cabello se procede a pegar la peluca y a cortar el cabello dándole la forma y el corte original de la persona. Las cabelleras puede ser de tres tipos:

  1. Pelucas de poner y quitar: la gente puede quitársela y ponérsela todos los días.
  2. Pelucas para quitar cada tres días: los clientes llevan puesta la peluca durante tres días, al cuarto se la quitan, se lavan el cuero cabelludo, limpian la peluca y la vuelven a pegar.  
  3. Pelucas de una semana: la gente se la pone, la lleva durante toda una semana incluso durmiendo y, pasados esos siete días, acude al centro para hacerse un lavado. “Es como si fuera a la peluquería” explica Garrosa.

No empezó diseñando pelucas

Actualmente Tizoh's ha pasado a manos de María, la hija de Mercedes Garrosa. Ella no puede seguir con el mismo volumen de trabajo a sus 68 años. El negocio, en palabras de la fundadora, “va bien. Hemos subido un 30% la facturación con respecto al año pasado”. Pero esta rentabilidad económica no siempre ha existido. Garrosa recuerda que los principios fueron “muy duros”.

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Imagen de Mercedes Garrosa.

Esta autónoma empezó en el año 1965 como peluquera y luego pasó a trabajar para grandes multinacionales que se dedican a hacer injertos de cabello. Tuvo que esperar hasta el mes de abril de 1986 para poner en marcha Tizoh’s. Tuvo que pedir un préstamo de tres millones de pesetas “que me dio el banco” y patearse muchos hospitales para vender su producto. Pero reconoce Garrosa que “cuando tienes 36 años y llegas a un hospital vendiendo este modelo de negocio, muy poca gente te hace caso”. Razón por la que, después de haber pagado el primer crédito, tuvo que pedir otro de 10.000 pesetas.

La gente que sí le hizo caso y acudió a su centro salió encantada, se lo contaron a parientes cercanos, amigos e, incluso, a miembros del hospital dónde se estaban tratando. Fue el boca a boca lo que hizo que su negocio empezase a ser conocido en Madrid. “Tu puedes intentar vender mucho, pero al final lo que cuenta es la recomendación de los clientes. Muchos me llegan por recomendación de enfermeras que habían tratado a clientes míos que estaban encantados”. Asimismo, cuenta que esto -la opinión de los clientes- es fundamental “en Google tenemos muy buenas reseñas”.

Claves de un negocio

Mercedes Garrosa, después de más de 30 años en el mercado, tiene claro dos aspectos que considera claves para que un negocio funcione. El primero es la profesionalidad: “En esta clase de temas hay que ser ante todo profesional, porque el sector de la estética da dinero y a veces se olvida lo que se tiene delante”.  Y lo segundo, es que “un negocio es como un niño pequeño hay que cambiarle el pañal todos los días, para  siempre. Es decir, hay que cuidarlo y mimarlo.

Desde 1986 creando pelucas para personas con problemas capilares