Martes. 16.10.2018

EL EJEMPLO REAL DE UN JOVEN

La historia de uno de tantos falsos autónomos

La historia de uno de tantos falsos autónomos

Obligado a darse de alta como autónomo para trabajar como fisioterapeuta en una empresa, obligado a cumplir un horario y a permanecer en su puesto de trabajo realizando tareas de administrativo. Esta es la historia de uno de tantos jóvenes que deben aceptar contratos mercantiles y realizan trabajos de asalariados.

La historia de uno de tantos falsos autónomos

Pedro García (nombre ficticio), de 22 años, era un fisioterapeuta recién licenciado en busca de trabajo. Como es habitual en los jóvenes de su edad, Pedro gastaba las tardes de la semana dejando currículos en diferentes clínicas, con la esperanza de que alguna quisiera contar con sus servicios. Tras muchos días, una de ellas le propuso iniciar una relación laboral como asalariado, con su consecuente firma de contrato.

Pedro, emocionado por su nueva andadura laboral, firmó su nuevo contrato sin pensarlo dos veces. Fue más tarde, ya en casa, cuando Pedro se dio cuenta de que en la ingente cantidad de papeles donde había estampado su firma, ponía que era un contrato en prácticas. No solo eso, la decepción fue mayor cuando descubrió que cobraría menos de lo que había pactado. “Me sentí engañado, en ningún momento me dijo nada de eso” explica el joven. Pedro cobraría 872 euros, con pagas extras prorrateadas, por 25 horas semanales, en lugar de los 950 euros que estipula el convenio de fisioterapeutas en clínicas privadas, como explica García a este diario. 

Tras varios meses trabajando en esta clínica, Pedro decidió que quería ampliar sus miras. Para ello, el joven fisioterapeuta decidió estudiar un master para mejorar su oferta de servicios. Cuando por fin se decidió a iniciar el postgrado, Pedro le comentó a su jefe la posibilidad de reducir el número de horas de su contrato para poder asistir a las clases. El jefe en cuestión, al ver que tal cambio no le resultaba rentable, le propuso que se diera de alta como autónomo e iniciar, de esta manera, una relación laboral en la que Pedro prestase sus servicios como TRADE. La juventud y desinformación de Pedro, sumadas a la necesidad de mantener el trabajo, hicieron el resto.

Pronto, Pedro se había dado de alta como autónomo, tras varios problemas por la insensatez de su gestor: “Mi gestor me dijo que me había dado de alta, pero hasta que no pasó un mes no me avisó de que tendría que haber presentado ciertos papeles. Y ya llevaba un mes trabajando” explica García.

Una vez dado de alta, el joven fisioterapeuta llego a un acuerdo con la empresa por el cual cobraría el 50% de cada cliente y trabajaría las horas equivalentes a una media jornada de un asalariado. “Yo tenía que estar en la clínica mis horas pactadas y, si no tenía clientes durante una de esas horas me tocaba coger el teléfono, cobrar a clientes o, incluso, abrir la clínica” replica Pedro. “Hacía de secretario y ni siquiera, me pagaban por ello”, obviamente porque no estaba reflejado en el contrato y porque hacía labores de asalariado.

Pedro sabía que dependía económicamente de los servicios, periódicos, que prestaba a esta clínica. Y por ello creía que era un TRADE. Pero todo comenzó a sonarle raro. “Me llegó a decir que si faltaba una hora tendría que recuperarla”, explica. “A eso me negué en rotundo”. “En cierto momento, me llegó a decir que no contase nada a nadie, pero que yo era un falso autónomo. Yo no sabía aun que era eso”, revela Pedro García.

Pedro, que hoy por hoy sigue en la misma clínica, tampoco posee material de trabajo propio, sino que utiliza el proporcionado por la empresa (utilizar materiales propios es una de las condiciones principales de un TRADE). “Voy a aprovechar que estoy dado de alta como autónomo y voy a montar mi propia clínica” termina la conversación, entre risas, Pedro García.

Situaciones como la de Pedro se da en multitud de empresas en las que jóvenes son obligados a darse de alta como autónomos y a los que se les obliga a firmar un contrato mercantil. Después, se les fija un horario, se les impone unas obligaciones, se les asigna un salario fijo o unas comisiones y se les pone a su disposición el material o las herramientas necesarias para desempeñar su tarea. Eso justo es un falso autónomo. Ya que se entiende por trabajo por cuenta propia o autónomo la actividad económica o profesional realizada por persona física de forma habitual y directa, a título lucrativo, fuera del ámbito de organización y dirección de otra persona. Este trabajo no está sometido a la legislación laboral, salvo en aquellos aspectos que por precepto legal se disponga expresamente.

La historia de uno de tantos falsos autónomos