Jueves. 16.08.2018

LIBRERANTES TRABAJA CON 25 EDITORIALES

La única pequeña distribuidora de libros que se atreve a pelear en el mundo de las grandes

La única pequeña distribuidora de libros que se atreve a pelear en el mundo de las grandes

La distribuidora Librerantes es un rara avis en el sector del libro. Dentro de un negocio dominado por grandes empresas, Raquel Blanco se lanzó hace tres años a fundar una pequeña, tan pequeña que sólo trabajan tres personas. A pesar de su tamaño, pueden vivir de una actividad “que me encanta” y ofrecer a libreros y editoriales una forma de trabajar inédita para ellos por lo cercana y personal.

La única pequeña distribuidora de libros que se atreve a pelear en el mundo de las grandes

La propietaria de Librerantes decidió fundar esta distribuidora en mayo de 2015. Raquel Blanco había trabajado en una distribuidora, “por lo que conozco muy bien el mundo del libro”. Eso le llevó a detectar las necesidades de los pequeños del sector, de las librerías de barrio y de las editoriales de menor tamaño. Y se lanzó a trabajar con una mecánica insólita en el sector pero que está dando sus frutos.

Para entender en qué consiste la innovación que ha traído Librerantes hay que aclarar cómo funciona una distribuidora de libros. Estas empresas, macroempresas más bien, sirven de intermediarias entre las editoriales y las librerías (consideradas como tales aquellas en las que su negocio está constituido, al menos en un 50%, por libros). La facturación de las distribuidoras se basa en la cantidad de libros que colocan en las librerías, independientemente de si se han vendido o no. A esto se debe que las tiradas de cada título sean tan grandes. Lo habitual es que las librerías devuelvan la mercancía no vendida, pero pueden tardar hasta un año. Las distribuidoras facturan a las editoriales, al margen de los ejemplares devueltos, sólo por lo que han colocado previamente en las tiendas.

“Así se inicia una rueda, explica Raquel Blanco, que no para quieta porque las editoriales sacan nuevos títulos cada tres o cuatro meses para volver a colocar ejemplares”. En el caso de que alguna no saque nada nuevo al mercado, la distribuidora le va a pasar igualmente la liquidación de la colocación anterior, con lo que entonces el saldo resulta negativo. De esta manera, se han visto obligadas a cerrar muchas editoriales, confirma Blanco. 

Modelo de Librerantes

¿En qué se diferencia Librerantes de este modelo de distribución de libros estático y admitido por todos? “Yo facturo a las librerías cuando venden los libros, no por facilitárselos”, comenta la dueña. La distribuidora de Blanco envía los volúmenes a los establecimientos, se los presta, lo que se conoce como depósito.

A finales de cada mes, Librerantes factura a las 25 editoriales con las que se relaciona, que le han prestado los libros, con la información que le dan las librerías de los productos vendidos. Es decir, que tanto unos como otros pagan a la distribuidora las ventas. Raquel Blanco afirma que “la cantidad que yo le paso al editor es la real, no sobre los libros colocados que se pueden vender o no”. La forma de trabajar de Blanco es única. “Hago lo que hago porque nadie trabaja como yo, de momento soy la primera y única en hacerlo así”.

Librerantes funciona con todo tipo de estilos literarios, aunque “cojeo un poco en literatura infantil, pero lo voy a solucionar porque estoy viendo ahora editoriales especializadas”. Lo que esta experta tiene claro es que “si no veo donde van a funcionar los libros, no trabajo con la editorial”. Y al contrario también: “No todas las librerías me interesan, yo busco la rentabilidad, eso es importante”.

Momentos buenos y malos

En estos tres años de andadura, Raquel Blanco ha pasado por momentos de todo tipo. Entre los mejores: “Cuando alguna editorial, que había sido rechazada por las distribuidoras y ha trabajado conmigo, consigue que una grande la acepte. Eso me enorgullece”. Otro momento grato es “el trato que he conseguido tener con muchos libreros, personal, muy cuidado y flexible”.

En el apartado de los malos recuerdos, rescata el cierre sin avisar de una editorial sevillana. “Me vinieron las devoluciones de las librerías y tuve yo que pagarlas íntegras porque el editor no daba señales de vida. Había cerrado sin decirme nada”.

Porque entre los errores que Blanco reconoce haber cometido se encuentra, precisamente, la selección de editoriales. “Las grandes distribuidoras realizan estudios muy exigentes de los editores con los que van a trabajar. Yo no tengo esos medios”, aclara.

Raquel Blanco confiesa que estos tres años han valido la pena. “Nunca tendré la rentabilidad de una grande pero el negocio nos da para vivir de él y, además, amo esto, me encanta lo que hago, no es una frase hecha, es la verdad”.

La única pequeña distribuidora de libros que se atreve a pelear en el mundo de las grandes