Lunes. 17.06.2019

LA MAYORÍA TIENEN MÁS DE 40 AÑOS

Casi 4.000 mariscadoras dependen del mar para llegar a fin de mes

Marisqueras de la cofradía de Carril
Marisqueras de la cofradía de Carril

Son trabajadoras autónomas y viven pendientes de las mareas. Son las mariscadoras. En su mayoría mujeres de más de 40 años que esperan la retirada del mar para capturar berberechos o almejas que, más tarde, venden en las lonjas. Ganan una media de 1.000 euros al mes y se quejan de que las coberturas sociales no contemplan la dureza de su trabajo.

Casi 4.000 mariscadoras dependen del mar para llegar a fin de mes

Son artesanas del mar, autónomas a merced de las inclemencias del tiempo. Son las mariscadoras, mujeres gallegas que salen cada mañana en busca de almejas o berberechos. Llevan toda su vida cerca de la mar y, según el censo, más del 80% superan los 40 años y muchas rebasan los 65 años de edad. Cada mañana, están pendientes de la retirada de la marea, dispuestas a aprovechar al máximo las cuatro horas que pueden invertir dentro del mar. Circunstancias que no se plantea quien se toma una ración de berberechos en la barra de cualquier tasca española. 

Todos los días no se trabaja. Nuestra jornada laboral la decide el mar, es nuestra oficina. Tenemos un cupo de recogida pero, a partir de ahí, lo demás lo deciden las mareas y nuestras ganas de trabajar” explicó Julia Haz, mariscadora y presidenta de la Asociación de Mariscadoras de Río Anllons. Tiene 62 años y lleva la mitad de su vida pendiente del mar, esperando a que baje lo suficiente para recoger los berberechos que, en estas fechas, rondan los seis euros el kilo. Aunque en temporada alta puede llegar a doblar la cifra.

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Esta autónoma no oculta lo duro que es el mar. Muchas de sus compañeras sufren de dolencias en la espalda, de artrosis o artritis “lo peor es estar tantas horas en el agua. Los huesos acaban desgastándose. No te voy a negar que es un trabajo duro, pero no lo cambiaría por nada” afirmó. Describió el trabajo de oficina como algo parecido a una cárcel, y el marisqueo como algo que engancha, “desde que empiezas a trabajar te notas libre. Creo que somos las únicas autónomas sin estrés” bromeó la presidenta de la asociación de mariscadoras de Anllons.

Ingresos de 1000 euros y “coberturas sociales deficientes”

Sus ingresos, al igual que los de cualquier trabajador por cuenta propia, son inestables. Las temporadas más fuertes son las de Navidad y verano, porque el producto sube de precio y su actividad está bien remunerada. En las temporadas más bajas, les llega justo para subsistir y pagar la cuota de autónomos. “Juntando los beneficios de los mejores y los peores meses, nuestros sueldos rondan los 1.000 euros. El mar nos permite vivir, nuestro trabajo merece la pena para quienes disfrutamos de la naturaleza, pero no todo el mundo vale para esto” explicó Julia Haz.

La dureza del trabajo y los ingresos no son la peor parte. Las coberturas sociales son, para muchas, injustas. “Los seguros no contemplan nuestra situación. Para una mariscadora, las coberturas de enfermedad común no son ni mucho menos suficientes. Abundan los casos de reuma, artritis o artrosis, por no hablar de los casos más severos. Tengo compañeras que después de pasar un cáncer de mama han tenido que volver a coger una gancha -rastrillo rudimentario para recoger marisco-“ explicó Rita Vidal, Vicepatrona mayor de la cofradía de carril y, por supuesto, mariscadora.

Esta autónoma empezó a los 16 años a trabajar en el sector. Sin haber cumplido la mayoría de edad se convirtió en la primera mujer subastadora de marisco “a viva voz”. Las cosas han cambiado, y mucho desde que empezó a trabajar. “La tecnología, los seguros, está todo más organizado y reglamentado” aseguró Vidal

"Todo lo que tenemos se lo debemos a nuestras abuelas"

Esta autónoma, que lleva toda una vida viviendo del mar, ha visto mejoras en el sector. “Todo lo que tenemos se lo debemos a nuestras abuelas. Ellas trabajaban sin seguros sociales, no tenían cupos y laboraban a cualquier hora, de día o de noche, para sacar adelante a familias enteras. Ahora, las cosas han cambiado para bien pero, aún así, seguimos muy desamparadas” aseguró. Aún queda mucho por hacer en este oficio, “no se tienen en cuenta nuestras enfermedades profesionales. Al igual que a un camarero se le admiten dolencias como la del túnel carpiano por llevar la bandeja, deberían contemplarse las consecuencias de trabajar tantas horas en el mar” explicó Rita Vidal

Aunque el mayor problema de este sector es, sin duda, la jubilación. ¿Cómo va a jubilarse una mariscadora a los 67 años? “A esa edad muchas ya están agonizando cuando se meten al mar” afirmó la Vicepatrona de la cofradía de mariscadoras de carril.

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A pesar de ello todas las mariscadoras veteranas como ella le deben algo a la mar. El marisco fue una forma de emancipación para las mujeres, una alternativa para aportar ingresos. “Era o esto, o ser costurera. Me quedé y me quedaré siempre con esto” afirmó Julia Haz, mariscadora de La coruña. No es la única que lo piensa así. “Tenemos la mejor oficina del mundo. ¿Qué autónomo puede decir que trabaja en un sitio con estas vistas, mano a mano con la naturaleza? No queremos cambiar de trabajo, solo pedimos que se nos respete como lo que somos, trabajadoras autónomas igual de dignas que las demás, parte de la historia del trabajo en el mar” concluyó Vidal

Casi 4.000 mariscadoras dependen del mar para llegar a fin de mes