Miércoles. 12.12.2018

AUTÓNOMOS CON TRABAJADORES A SU CARGO

Los errores que no se deben cometer en una indemnización por despido

Los errores que no se deben cometer en una indemnización por despido

El momento de enfrentarse al despido de un trabajador es duro en todos los sentidos. A veces se trata de alguien que se aprecia pero que el negocio no puede mantener. Pero existe el otro problema: el coste que supone. Para que el aspecto económico resulte menos gravoso, el autónomo empleador debe conocer qué tipo de despido aplica y las posibilidades que existen para abonar la indemnización.

Los errores que no se deben cometer en una indemnización por despido

Hace diez años, Jaime Alonso cumplió el sueño de su vida. Su amor por la cocina le llevó a abrir un restaurante en una localidad de la costa mediterránea. Al cabo de cinco años, el negocio comenzó a ser menos rentable por distintos motivos. Jaime se planteó entonces reducir gastos y pensó en prescindir de una camarera. También era cierto que el trabajo de esta persona hacía tiempo que había dejado de ser el más adecuado. El despido de esta empleada fue un calvario para el restaurador. No alegó causas económicas por lo que el despido fue declarado improcedente: el más costoso. Tampoco llegó a un acuerdo con la empleada en el proceso judicial. Tuvo que hacer frente a una indemnización “que me hundió” el negocio, afirma. Para pagarla, tuvo que pedir un crédito al banco, con lo que las deudas agravaron la crisis del restaurante porque se sumó a otros varios que ya tenía encima. Y en vez de "pagar a los proveedores del restaurante y a una marca de bebidas, lo que me hubiera dado un respiro, indemnicé a la empleada”. Al no poder saldar las deudas con los proveedores, éstos dejaron de servirle productos, además de reclamarle lo debido. Jaime Alonso tuvo que cambiar de suministradores y elegir otros más baratos, con lo que se resintió la calidad del restaurante. Perdió mucha clientela, tuvo que bajar los precios y “casi caigo en una depresión”, recuerda. Al final, la ayuda de un familiar le salvó de la ruina y se recuperó. 

Jaime Alonso cometió varios errores a la hora de enfrentarse al cese de su empleada. Aunque el despido de un trabajador a cargo de un autónomo no es un momento agradable, hay maneras de que no se convierta en el infierno que vivió nuestro restaurador y, sobre todo, que no signifique la ruina del negocio.

La legislación española prevé cinco tipos de despido

  • Procedente. Está motivado por causas objetivas como ineptitud, absentismo o inadaptación al puesto de trabajo, pero las más frecuentes son las económicas o de necesidad de la producción. La indemnización es de 20 días por año trabajado hasta un máximo de 12 mensualidades.
  • Improcedente. Este tipo es el más caro en la actualidad, ya que la indemnización es de 33 días por año trabajado hasta un máximo de 720 días.
  • Por finalización de contrato. Al trabajador se le abonan 12 días por año trabajado.
  • Disciplinario. No genera indemnización.
  • Nulo. Hay que readmitir al trabajador.

Los autónomos se enfrentan con mucha frecuencia a otro tipo de despidos: los que provoca el cierre del negocio por jubilación del propietario. En este caso, se ha de pagar a los empleados que se quedan en la calle un mes de salario como indemnización.

Pasos a seguir

“Los despidos más problemáticos para los autónomos son los procedentes y los improcedentes y hay que saber cómo hacerles frente”, señala Rosario Moreno-Opo, abogada especializada en Derecho Laboral. “La mayoría de los despidos que realiza un autónomo son por causas económicas y se tiene que saber cómo actuar”, añade esta especialista.

Hay que dar una serie de pasos, el primero de los cuales es dar un preaviso al trabajador e indicarle la indemnización que va a percibir. Cualquier fallo en la comunicación “puede dar lugar a un despido improcedente, que es más caro”. Ese fue el primer error de Jaime Alonso.

Si el cese es por causas económicas, es decir que el despido es procedente, “la jurisprudencia es comprensiva con el pago de la indemnización”, afirma Moreno-Opo. Tiene que ser así, ya que sería una incongruencia que, por dificultades financieras, se tenga que prescindir de los empleados y luego la indemnización las agrave o le dé la puntilla al negocio. Por ello, cabe la posibilidad de no hacer frente de una vez al pago de la misma. Eso sí, en la comunicación al trabajador hay que hacerlo constar para que esté de acuerdo. Jaime Alonso no lo hizo. Al acogerse a esta posibilidad, el autónomo empleador hace un reconocimiento de deuda al trabajador, que le permite establecer periodos de pago. “Esto es lo más normal y lo que ya hacen muchos autónomos”, explica Rosario Moreno-Opo.

Despidos improcedentes

Ante un despido improcedente, la situación varía aunque el principio sea el mismo. También aquí existe una comunicación tipo de despido al trabajador. La primera fase de un despido pasa por el Servicio de Mediación, Arbitraje y Conciliación (SMAC) para el llamado acto de conciliación que evite, o no, ir a juicio. En este acto, el empleador puede pactar el aplazamiento y la forma de pago de la indemnización.

Si no hay conciliación y el caso entra en la fase judicial, también se puede pactar el aplazamiento y la forma de pago. En realidad, en todas las fases de un despido improcedente se puede pactar “un acuerdo transaccional” entre las dos partes, el autónomo contratador y el trabajador. El primero tiene siempre que demostrar que no puede desembolsar la cantidad de la indemnización de una vez, con lo que deberá presentar el estado de cuentas del negocio en la fecha del despido. “Si hay voluntad de pagar y reconocer la deuda, es muy difícil que la otra parte se niegue al acuerdo. Incluso se pueden negociar quitas”, señala Moreno-Opo. “Además, en los pequeños negocios, es normal que un trabajador esté más al tanto de la situación financiera de su propietario porque se vive la marcha de la actividad de cerca y se sabe mejor si hay liquidez o no”, añade. El no llegar a un pacto con la camarera despedida fue el tercer error de Jaime Alonso.

Consecuencias de no pagar 

Si, una vez que hay un pacto y un reconocimiento de deuda, el autónomo no paga y falla en uno de los pagos, llega la ejecución

Si no se paga la indemnización, el empleado puede hacer una reclamación de cantidad. Si lo que no se ha pagado es la liquidación, el asunto se pone más serio. Al tratarse de salarios debidos, la reclamación de cantidad incluirá recargos y a un interés mayor que el legal del dinero.

Cuando el autónomo se declara insolvente, el caso pasa al Fondo de Garantía Salarial (Fogasa), el organismo que se hace cargo de indemnizar al empleado despedido. Sin embargo, la abogada recuerda que el Fogasa “es un acreedor del crédito, con lo que después se lo reclama al autónomo”. Éste responde con todo su patrimonio, incluido el personal, que puede ser embargado. 

Los errores que no se deben cometer en una indemnización por despido