martes. 11.08.2020

ABANDONADAS 4.000 AUTÓNOMAS SIN AYUDAS E INGRESOS

Las mariscadoras deciden dejar de pescar porque ya no hay demanda

Las mariscadoras deciden dejar de pescar porque ya no hay demanda

Las mariscadoras autónomas esperan confinadas en sus casas a que el Gobierno declare su actividad como no esencial. La crisis del COVID-19 ha provocado el cierre de los restaurantes. Aunque se les permite ir a trabajar, no tienen a quien vender su marisco.

Las mariscadoras deciden dejar de pescar porque ya no hay demanda

Pasar horas dentro del agua, soportando las inclemencias del tiempo y el fuerte oleaje, para terminar el día devolviendo al mar todo lo que han conseguido en un jornada de trabajo. Aunque el marisqueo está considerado como una de las actividades esenciales, y por lo tanto puede practicarse durante el Estado de Alarma, sus trabajadores - en su inmensa mayoría mujeres  autónomas que rondan los 50 años-  han optado por no salir a faenar y abandonar su actividad.

La demanda de su producto ha caído en picado porque la suspensión de la actividad de sus principales clientes, el canal HORECA (Hoteles, Restaurantes y Cafeterías). Por eso y desde hace cinco semanas, más de 4.000 mariscadoras se han tenido que quedar en sus casas y a la espera de que el Gobierno declare el cierre obligatorio de su actividad, para poder acogerse, al menos, a la prestación por cese de actividad extraordinario y tener alguna fuente de ingresos con la que hacer frente a sus gastos.

La crisis del Covid-19 ha supuesto un parón casi total en la economía de las mariscadoras, hasta el punto de que “salir de casa ya no es rentable para nosotros. Todo lo que pescamos, tenemos que devolverlo al mar” aseguró Mari Carmen Vázquez, responsable de la Cofradía de Lourizán en Pontevedra. Según explicó esta mariscadora, en el sector del marisco “se trabaja al día y hemos dejado de percibir ingresos desde antes del Estado de Alarma”.

Se trata de una difícil situación que ha llevado a muchas de estas autónomas y a sus familias a la ruina, ya que a la caída de ingresos por la crisis del COVID-19 se suma las circunstancias de por sí vulnerables de estas trabajadoras por cuenta propia que apenas logran ingresar el equivalente al salario mínimo interprofesional (SMI)

“Ahora, lo principal es la salud, pero los nubarrones de tormenta que se vienen sobre la economía nos preocupan mucho” reconoció Rita Vidal, presidenta y mariscadora de la Asociación de Mariscadoras Amarcarril. Q

Según denunció Vidal,  muy pocas van a poder acceder a la prestación por cese de actividad extraordinario, ya que su negocio no ha quedado suspendido por decreto y tampoco pueden acreditar la reducción de su ingresos en un 75% frente al semestre anterior, pues las dos primeras semanas de marzo salieron al mar.

Llueve sobre mojado

El bajón de actividad que ya tuvieron las mariscadoras durante las dos primeras semanas de marzo fue casi premonitorio de lo que iba a pasar luego en muchos otros sectores de actividad cuando se declaró el Estado de Alarma. Antes de que llegase el 14 de marzo, estas autónomas ya habían notado la caída de la demanda de su producto.

Esto les obligó a tener que dejar de faenar  incluso antes de que se decretara el Estado de Alarma, ya que la actividad en las lonjas comenzó a resentirse por el fuerte descenso en la demanda del marisco en el mercado. “Nuestro producto está destinado principalmente a la hostelería, al turismo y la celebración de fiestas, y ahora nada de eso está funcionando”, explicó la presidenta y mariscadora de Amarcarril, Rita Vidal.

Desde hace semanas hay una pregunta que ronda la cabeza de miles mariscadoras: ¿De verdad el marisco es un alimento de primera necesidad en una crisis sanitaria?. “Nadie va a comprar almejas como alimento de primera necesidad en plena crisis sanitaria. Y, si lo hacen, no lo van a hacer al precio al que está en el mercado” explicó Vidal.

Además, a estas autónomas les ha sido imposible cumplir con las medidas sanitarias que ordenaba el Ministerio de Agricultura y Pesca para desarrollar su actividad laboral, “durante el primer mes no se nos proporcionó material sanitario y no podíamos cumplir con las medidas preventivas” denunció la presidenta de Amarcarril. 

La mayoría de ellas superan los 50 años de edad y sufren muchas patologías, derivadas de la dureza del trabajo que realizan, por lo que a la falta de ingresos, se sumaría el riesgo añadido para ellas y sus familias de contraer el virus si salieran a trabajar.

La mayoría no podrán optar a ayudas ni prestaciones

La gran mayoría de las mariscadoras se han quedado sin ninguna fuente de ingresos. No pueden optar a otras labores ya que para mantener su permiso de marisqueo a pie, esta actividad debe ser su ocupación principal. Además, a esta falta de alternativas laborares se suma la imposibilidad de acceder a ayudas.

El Gobierno ha puesto en marcha para los autónomos una prestación extraordinaria, pero para acogerse a ella hay que acreditar una caída de ingresos del 75%. Un porcentaje que resulta imposible de alcanzar -al menos de momento- para muchas de las mariscadoras, que sí pudieron trabajar durante la primera mitad del mes de marzo. “¿Qué sentido tiene exigir una disminución de la actividad del 75%, si durante la mitad del mes anterior España no estaba en Estado de Alarma?” se preguntó la presidenta de Amarcarril. 

Ademas, apuntó que en su sector, como en muchos otros, recurrir a la media de los seis últimos meses para hacer los cálculos supone incluir el período de Navidad, que es una de las mejores épocas del año para el sector. “Hubiera sido más razonable y justo considerar una reducción del 50% de los ingresos con relación al mismo mes del año 2019” secundó Rita Vidal.

La paralización en el sector está suponiendo un problema muy grave en muchas familias de marisqueras:  “conozco a algunos casos para los que esta situación está llegando a ser dramática. Toda la familia se ha quedado sin ningún tipo de ingreso” añadió Vidal. Para ella, las  expectativas de cara al futuro no son buenas: “es una cadena que nos va a afectar a todos y la crisis económica va a repercutir gravemente”.

Las mariscadoras deciden dejar de pescar porque ya no hay demanda