miércoles. 21.10.2020

LLEGA SEPTIEMBRE

Cuatro razones por las que es improbable el síndrome postvacacional en el autónomo

Cuatro razones por las que los autónomos no sufren el síndrome postvacacional

El llamado síndrome postvacacional, sobre el que tanto se hablará en estos últimos días de agosto, no tiene una definición científica como tal. Más bien es un conjunto de sensaciones y malestares psíquicos y físicos que asaltan a muchas personas al reincorporarse a sus tareas tras las vacaciones, con mayor o menor intensidad según el carácter de cada individuo. 

Cuatro razones por las que es improbable el síndrome postvacacional en el autónomo

Los expertos calculan que ese conjunto de síntomas desagradables (tristeza, apatía, irritabilidad, dolores de cabeza, falta de apetito, etc), que pueden presentarse todos a la vez o por separado, afecta a un 30% de los trabajadores españoles en los primeros días de la vuelta al trabajo. “La mala adaptación a la vida activa”, como define la Universidad de Navarra al famoso síndrome, ¿afecta por igual a los trabajadores por cuenta propia?. Parece que no.

A la vista de las recomendaciones que psicólogos, coachs y especialistas en recursos humanos ofrecen para prevenir o, ya combatir, el síndrome postvacacional hay, al menos, cuatro buenas razones para concluir que éste sea el menor de los problemas de un autónomo en su retorno a la rutina:

1- Los síntomas de una nula o mala adaptación a la vida laboral suelen presentarse en un porcentaje muy alto entre aquellos que han disfrutado de un periodo de vacaciones largo, normalmente un mes seguido o tres semanas. Es muy improbable que los autónomos disfruten de tantos días de descanso consecutivos. Lo normal, si es que se toman vacaciones, es alargar fines de semana, aprovechar un puente festivo, cerrar la actividad si decaen los clientes unos días concretos para volver inmediatamente, estar pendiente de la competencia más cercana….

2- Volver a retomar las obligaciones se hace mucho más duro cuanto mayor ha sido la desconexión. Pues bien, esto sí que es casi imposible en el caso de los autónomos. Es muy infrecuente que un trabajador por cuenta propia rompa completamente cualquier vínculo con su actividad a lo largo de varios días. Aunque no trabaje, siempre habrá alguna llamada telefónica, un correo electrónico, algún aspecto en el que fijarse relacionado con el negocio y, si éste se ha dejado en manos de terceros, con más razón.

3- Uno de los motivos que se consideran más propicios para padecer el síndrome postvacacional es volver a enfrentarse a un jefe. Bien sea por incompetencia de éste, por su hostilidad, porque no sabe ejercer la autoridad o, simplemente, porque las relaciones con el empleados son malas, hay multitud de trabajadores que no soportan a sus superiores. Además de la perspectiva de que retornen las discusiones y el mal ambiente, los enfrentamientos con los jefes llevan a los trabajadores, en la mayoría de las ocasiones, a no sentirse valorados. Los autónomos no tienen jefes. En todo caso, pueden serlo ellos y también puede haber problemas en las relaciones con sus empleados. Pero no es lo mismo. No hay ningún superior jerárquico que les haga sentir menospreciados porque, en su actividad, la medida del talento y la eficacia laborales las dan la marcha del negocio.

4- Los trabajos menos creativos y más repetitivos generan mayor frustración a la hora de enfrentarte de nuevo a ellos. Tampoco suele ser el caso de los autónomos. Éstos tienen muchos frentes que atender: la actividad propiamente dicha, los aspectos financieros, el trato con clientes y proveedores o, incluso, con sus propios empleados, etc. En fin, que el malestar puede provenir de tener que volver a asumir todas las responsabilidades pero en absoluto por tener adelante una perspectiva de tedio vital.

Cuatro razones por las que es improbable el síndrome postvacacional en el autónomo