Sábado. 21.07.2018

EL AUGE DEL MICROBLADING

El tatuador autónomo, un profesional amenazado por el intrusismo

El tatuador autónomo, un profesional amenazado por el intrusismo

A los tatuadores autónomos les ha costado mucho trabajo, tiempo y esfuerzo que se reconociera su profesión, y regularizarla tanto en el aspecto sanitario como tributario para poder cotizar a la Seguridad Social. Sobre el año 2000 consiguieron la Reglamentación Sanitaria y hará unos 12 años el epígrafe de Estudio de Tatuaje en el registro de actividades económicas del Ministerio de Hacienda. Pero estos profesionales siempre corren el riesgo del intrusismo, como pasa ahora con la técnica del microlading, (tatuaje en las cejas) que se realiza de forma ilegal en espacios no autorizados y que puede manchar la imagen de una actividad que les ha costado tanto profesionalizar.

El tatuador autónomo, un profesional amenazado por el intrusismo

Introducir tinta o algún otro pigmento bajo la epidermis de una persona, mediante la utilización de agujas o cualquier otro utensilio, para crear dibujos, frases o formas en la piel de una persona de forma permanente es el trabajo de profesionales autónomos, concretamente el de los tatuadores. Se trata de una actividad que aunque existe desde tiempo inmemorial, lleva regulada en España relativamente poco tiempo, lo que hacía que estos profesionales autónomos trabajasen en cualquier sitio donde pudiesen montar su espacio y tatuar, todo ello sin poder cotizar.

“Cuando empezaron este tipo de prácticas, no estaban nada reguladas y era como un hobby. Los profesionales no tenían un epígrafe –del IAE propio- y tatuaban en tiendas, en centros de estética o allí donde tenía un espacio” explica Mar Díaz, presidenta de la Asociación Nacional de Microigmentación tatuaje y piercing de España (Anmtp).

A pesar de todos los problemas que los profesionales del tatuaje tuvieron para hacer valer su actividad, actualmente, y según señala Díaz, ya no existen este tipo de problemas para los emprendedores que apuesten por montar su propio estudio de tatuaje, pues la actividad ya está completamente regulada.

El primer aspecto que se reguló de su actividad fue “la parte sanitaria con un reglamento que se publicó entre 1998 y el 2000” apunta la presidente de la Anmtp. Actualmente, cada Comunidad Autónoma ha emitido unos decretos que establecen todos los requisitos sanitarios que deben cumplir los establecimientos que se dediquen a esta actividad, la normativa está enfocada tanto para el acondicionamiento del local como para el profesional, estableciendo una serie de pautas higiénico-sanitarias.

El tema tributario es algo que se solucionó “hace unos 10 u 12 años cuando se consiguió el epígrafe para los tatuadores en el Impuesto de Actividades Económicas (IAE)”. Antes según relata Díaz, los profesionales se daban de alta en el IAE como centros de estética, pero ahora pueden elegir estudio o centro de tatuaje.

Otro de los problemas a los que tuvieron que enfrentarse los profesionales del sector fue al cambio del formato de los botes de tinta. “Hará unos seis años Sanidad estableció que los botes de tinta tenían que dejar de ser grandes y debían ser de monodosis, lo que hizo que durante un tiempo hubiese un vacío en el mercado y el tatuador no tuviese tinta para trabajar”, recuerda Mar Diaz. Éste problema se solucionó con la introducción del sistema airless, se trata de una forma de bombeo de la tinta que permite que no entre en contacto y contamine el resto del producto que hay en el contenedor, a la vez que permite que los botes de tinta fuesen más grandes.

El IVA al 21% es otros de los caballos de batalla del sector. La presidenta de la Asociación se queja de que “tenemos un IVA altísimo –al 21%- y se nota muchísimo en los precios” por lo que termina perjudicando a los profesionales. Esperan poder negociar una rebaja del IVA, como están haciendo las peluquerías.

La competencia desleal del microblading

Los profesionales que trabajan con distintos instrumentos para inyectar tinta en la piel, ya sea tatuando, mediante la micropigmentación, microblanding o cualquier otra técnica han recorrido un largo camino hasta lograr un reconocimiento profesional. Ahora se ve amenazado porque, tal y como explica Diaz, son muchas las personas que ofrecen los servicios de microblandig de forma ilegal. Desde la AMTP calculan que para una persona que está legal en el microblading, hay cuatro que están de forma ilegal.

El microblading es una técnica por la que a través de un lápiz y de una aguja epspecial, se introduce el pigmento en la piel. Esta técnica permite trazar tramos individuales y se utiliza principalmente en cejas. Aunque también se puede implementar en pestañas y boca; su coste ronda 250€ en establecimientos autorizados y los 150 euros en ilegales

 A pesar de que son muy pocos los tatuadores que en su estudio realizan esta técnica –normal y legalmente se realiza en centros de belleza- es algo que les  perjudica muchísimo. “Hemos pasado de tenerlo todo súper regulado, los estudios están reguladísimos, la micropigmentación está reguladísima… y de repente se pone de moda el microblanding y la gente se pone a practicarlo en cualquier sitio, de cualquier manera para conseguir un complemento a su sueldo. Con lo cual, los profesionales tienen que hacer frente a una enorme competencia ilegal”.

Esta nueva técnica se ha convertido, según Díaz, en un auténtico fenómeno, pues hasta hace dos o tres años en España no se conocía. Un fenómeno movido y proliferado a través de las redes sociales, que han creado una nueva moda. Tal como señala la presidenta de los tatuadores, los consumidores que decidan apostar por estos sitios ilegales “se ahorran unos 100 euros, pero a costa de su salud” ya que se exponen a realizar una técnica en su piel en un sitio que no cumple con los requisitos higiénicos y sanitarios obligatorios, tanto para el establecimiento como para el profesional. Además y en caso de que el resultado sea malo, tampoco podrán reclamar, ni quejarse, pues no tendrán ninguna documentación oficial que acredite dicha actividad.

Aún no se ha encontrado una forma de parar este fenómeno, que perjudica todos los días a los profesionales del tatuaje y la micropigmetación que “han luchado por una regulación, unas garantías, porque la gente confiase ellos… Imagina una persona que paga sus impuestos, su licencia y renovación cada cuatro años, su inspección…una serie de gastos, y ahora ve como otra se embolsa entre 2.000 euros o 3000 euros sin hacer frente a todos estos gastos”.

El tatuador autónomo, un profesional amenazado por el intrusismo