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¿El Brexit afecta a los autónomos? Va a ser que sí: en el consumo y en el turismo.

Autónomos y Emprendedores | 08 de julio de 2019

Si no hay más moratorias el próximo 31 de octubre se consumará la salida de Reino Unido de la Unión Europea. El PIB español se resentirá entre 0,5 y 0,9 puntos porcentuales, lo que impactará de lleno en los autónomos y las microempresas. Además habrá cambios en los aranceles, en el IVA y en las bases regulatorias.

Durante un foro celebrado hace pocas semanas, un conocido empresario empleó un símil futbolístico “con tanta prórroga, ¿por qué no se lo juegan a penaltis?”. Hablaba de la salida de Reino Unido del hasta ahora ‘Club de los 28’ (Unión Europea) que, de no producirse una nueva moratoria, será efectiva el próximo 31 de octubre.

Según los datos aportados por el Consejo General de Economistas de España (CGE), un Brexit duro reduciría 0,9 puntos del Producto Interior Bruto (PIB) español. Si se produjese de forma ordenada, el impacto sería del 0,5%. Las previsiones se aproximan a las de Banco de España que cifra el descenso en los 9.000 millones de euros. Eso si, no de golpe sino en un plazo de cinco años, contrayéndose la economía entre una y dos décimas por ejercicio. En el mejor de los escenarios, el daño para la economía española sería de 6.000 millones de euros, según el citado organismo.

Del otro lado, la economía británica también se resentirá. El Banco de Inglaterra estima que el Brexit ya habría supuesto un coste a Reino Unido de alrededor del 3% del PIB y un aplazamiento de inversiones empresariales de en torno a 13.000 millones de euros. Además, un informe publicado en noviembre de 2018 señalaba que en caso de “no acuerdo”, el PIB británico podría llegar a caer hasta el 8% para 2023.

Este mordisco económico se trasladará, sin duda, a la economía real. "Tendrá un impacto directo sobre las decisiones de consumo e inversión que, en el caso de consumo, se vería penalizado además por un aumento de costes para los productos importados de Gran Bretaña”, explicó Antonio Hernández, socio de Internacional de la consultora KPMG.

La economía real es un frágil entretejido de relaciones comerciales donde nadan los autónomos y las micropymes. Cualquier alteración les afecta ya que todos dependen de todos en mayor o menor medida. El consumo es la fuente de donde se alimentan los autónomos, las microempresas y las pymes españolas. Aquellas que tienen relaciones comerciales con Reino Unido afectarán a las que no las tienen directamente. Las primeras no son pocas. El 26% de los exportadores a Gran Bretaña son micropymes y un 47% pymes, tal y como recoge un estudio elaborado por Iberinform. En cuanto a los importadores de bienes y servicios británicos el porcentaje se dispara hasta el 45% para las empresas de entre uno y nueve empleados. Aunque se modera levemente, hasta el 42%, en las de entre 10 y 49. Se puede decir, por tanto, que el 73% de los exportadores y el 87% de los importadores a Reino Unido son pequeños negocios o empresas que en su día cogieron una maleta y viajaron a la cuna de Shakespeare a vender o a comprar. Y que, precisamente, estos serán los que más padecerán los efectos del Brexit. De hecho, Simon Manley, embajador británico en España, afirmó durante un encuentro con empresarios organizado por Madrid Foro Empresarial el pasado 25 de junio que, “una salida desordenada pondría en un brete a las pymes en todos los niveles. Sería un desastre”.

Ahora bien, ¿a qué se enfrentan?; ¿cuáles son los mayores riesgos?

“Los riesgos para los importadores serían similares a los que los exportadores”, aclara el socio de Internacional de la consultora KPMG. Siendo “las cuestiones aduaneras y arancelarias un elemento de preocupación importante”. En el caso de los negocios españoles que adquieren productos o servicios a Reino Unido para venderlos en España “han de tener en cuenta que Reino Unido pasará a ser un tercer país y que sus productos y servicios deberán cumplir la normativa y estándares comunitarios y despacharse en la aduana como los productos de cualquier país tercero”, añade.

A este respecto, el embajador Manley afirmó que la intención del Gobierno británico es continuar manteniendo una “relación estrecha y de cooperación. Sin aranceles ni restricciones cuantitativas. Queremos una unión aduanera y quedarnos en el mercado único o al menos mejorar lo que se ha acordado hasta ahora”. De hecho, desde Downing Street confirmó hace unas semanas que, en caso de “no acuerdo”, se estudia el acceso temporal (durante un período inicial de 12 meses) libre de aranceles del 87% del valor de las importaciones que llegan a Reino Unido. No obstante, se excluirían varios productos agroalimentarios, vehículos acabados y algunos productos susceptibles de dumping y subsidios estatales. “Para España podría impactar en un valor de sus exportaciones a Reino Unido superior a los 5.000 millones de euros”, puntualiza Hernández de KPMG.

Además de los aranceles también hay que estudiar el impacto fiscal. El IVA intracomunitario pasará a ser de importación con, además del papeleo, todo lo que ello implica. Tanto las exportaciones como las importaciones dejarán de regirse por la normativa europea y, por tanto, estarán sujetas a IVA -las operaciones entre empresas registradas como “operador” en el Registro de Operaciones Intracomunitarias (ROI) están exentas de este gravamen-. Esto significa, que las empresas españolas tendrán que abonar el IVA de las ventas en Reino Unido, el país destino. Y viceversa, las exportadoras inglesas en España deberán tributar por el impuesto.

El plano económico no es el único que preocupa a las empresas españolas. “Este año hemos observado una mayor preocupación por las cuestiones legales y regulatorias”, asegura Hernández. Algo que achaca al interés que ha despertado la información publicada por la Comisión Europea sobre cómo prepararse en caso de “no acuerdo” así como a las campañas informativas llevadas a cabo por agencias europeas y organismos supervisores, que “ha contribuido a identificar un mayor número de cuestiones legales y regulatorias sobre las que impactará la salida de Reino Unido”.

Menos turismo

El turismo es uno de los sectores que más sufrirá la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Incluso, sin haberse hecho efectivo ya se está empezando a notar, entre otras cosas por el debilitamiento de la libra esterlina. Los últimos datos de Turespaña, apuntan que las reservas de paquetes turísticos para la temporada de verano realizadas por los ingleses cayeron en torno al 3% entre el primer cuatrimestre del año. Mientras que en abril del pasado año el volumen fue de 2,24 millones de contrataciones este año es de 2,17 millones. Es decir 75.592 ingleses menos

En este punto, el socio de Internacional de KPMG, aclara que los resultados se vinculan “no sólo con el entorno de incertidumbre y la depreciación experimentada por la libra, sino también por la recuperación de países competidores como Turquía o Egipto y la reapertura de Túnez”. Ahora bien, insiste en que una mayor ralentización e incluso recesión de la economía británica por una salida sin acuerdo, “tendrá repercusiones importantes sobre las decisiones de los consumidores británicos, afectando no sólo al sector turístico sino a otros muchos sectores donde España mantiene importantes lazos comerciales”.

Planes de contingencia

En el plano negociador, parece que ni uno ni otro bloque habría contado lo bastante con la opinión del tejido empresarial. “No se han tenido las suficientes reuniones con las empresas. Sin embargo, es muy importante tener en cuenta su voz en la negociación y poner negro sobre blanco para favorecer la creación de empleo y la riqueza tanto en la Unión Europea como en Reino Unido”, aseguró el embajador británico durante el acto organizado por Madrid Foro Empresarial.

Una situación de máxima incertidumbre ante la que cabe preguntarse ¿se están preparando las empresas españolas? Según los resultados del informe La empresa española ante el Brexit, elaborado por KPMG nueve de cada diez consideran necesario elaborar un plan de contingencia frente al Brexit. De estas, la mitad ya habría elaborado alguno y la otra mitad estaría pensando en hacerlo próximamente.

Los datos mejoran los del informe del año anterior, cuando solo el 64% consideraba necesario contar con una estrategia para afrontar el impacto. Ahora bien, “todavía quedan muchas que no han llevado a cabo ningún preparativo y que están a la espera de conocer el desenlace de las negociaciones”, destaca Antonio Hernández.

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