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Empresas y autónomos se relajan respecto a los riesgos de impago

Autónomos y Emprendedores | 16 de junio de 2018

La recuperación económica es un hecho positivo que, sin embargo, puede traer aparejado algún aspecto negativo como es el de la relajación en alertas y vigilancias. Esto está ocurriendo en las empresas españolas con respecto al control de los riesgos de impago. Si en 2012, el 58% de las compañías contaban con una “estructura especializada” en evaluar los riesgos de morosidad, en 2018 el porcentaje ha bajado al 23%. Los autónomos no cuentan con estas “estructuras especializadas” de control de riesgos pero también tienen sus formas de prever los impagos, que deben continuar practicando.

Los órganos de control de riesgos de impago, implantados en más de la mitad de las empresas españolas “en los años más duros de la crisis”, se están desmontando progresivamente a favor de otras estructuras, de acuerdo con un estudio elaborado por Crédito y Caución, Iberinform e IEE Business School. Si en 2012, el 58% de las compañías contaba con un órgano de este tipo, seis años después sólo permanece en el 23%. El estudio no distingue por tamaño de las empresas. Además, la disponibilidad de departamentos y órganos empresariales se da en las medianas y grandes compañías. Pero es un hecho que el concepto de “control de riesgos de impago” afecta a los autónomos, incluso de manera más virulenta y que éstos también corren el peligro de dejar de prever la morosidad en época de crecimiento económico.

El control de riesgos de impago que debe realizar un trabajador por cuenta propia debe empezar por un conocimiento del cliente. Todos los expertos recomiendan, especialmente en los casos de servicios donde se van a emplear recursos y tiempo, que a la mínima duda se acuda a buscar información. En el caso de que el cliente sea una empresa hay que empezar por el Registro Mercantil y si es un particular, por el Registro de la Propiedad. Los llamados registros de morosos (RAI, ASNEF, E-Informa, etc) son, asimismo, otra fuente. Y es posible encargar a empresas especializadas informes de riesgo y solvencia sobre el cliente o clientes en cuestión.

Dudas ante la forma de pago

La duda sobre el riesgo de impago con el cliente puede surgir, y es lo más frecuente, en el momento de pactar la forma de pago. Un consejo práctico para cualquier autónomo es que tiene que ser él quien imponga la forma mediante la que el cliente debe abonar el servicio. Si éste se opone o quiere imponer otras condiciones de pago a toda costa hay que hacer saltar las alertas y no ceder nunca. Lo mismo puede decirse si se le solicita que haga una provisión de fondos y el cliente se niega o da largas. En estos casos, se recomienda parar inmediatamente con la prestación que se le estaba realizando hasta que la situación se normalice. Pedir pagos por adelantado es una forma de control de riesgo muy útil.

Una segunda forma de percatarse de si se trata de un posible deudor es que no solicite un presupuesto del servicio que se le va a realizar. La presentación de un presupuesto detallado antes de comenzar un trabajo para terceros es una tarea imprescindible y, además, necesaria para demostrar, en caso de litigio posterior, que hubo un encargo por parte del cliente. Pero es más frecuente de lo pudiera parecer que el cliente no pida presupuesto. Entonces, algo falla. Es síntoma de que lo mismo le da un precio que otro porque de todas formas no va a pagar.

Facturas 

Además de actuar con el cliente, hay que controlar el riesgo de impago a través de las facturas. En este sentido, se recomienda vivamente llevar un orden, es decir, que la presentación de la factura debe hacerse en tiempo y forma. La descoordinación es un riesgo de impago de primera magnitud.

Una vez presentadas las facturas al cliente hay que hacer un seguimiento de su recorrido. Desde la fecha de emisión hasta el envío, la recepción y el cobro. Uno de los mayores riesgos de morosidad para los autónomos se da precisamente en este recorrido, por lo que es muy importante no perder ninguna fase de vista. 

Para casos mayores, en los que el cobro importa bastante dinero o en los que las dudas de solvencia del cliente son grandes, es bueno hacerse con procedimientos de caución, que obligan a establecer el riesgo y ofrecen protección o contratar un seguro de crédito. Al hacerlo, el trabajador por cuenta propia debe tener en cuenta que pagará un porcentaje de lo cobrado.

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