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Muchos negocios en España dependen de la Semana Santa

Ivana Haro, Beatriz Triper, Daniel Ghamlouche, y Pablo Escalona | 18 de Abril de 2019

Una carpintería, una fábrica de velas, los talleres que hacen los capirotes o una floristería son modelos de negocio muy diferentes que tienen en común dos cosas: la Semana Santa depende de ellos y ellos dependen en buena medida de la Semana Santa.

El sonido incesante de los tambores, acompañado de las trompetas y cornetas. A son de la música, decenas de penitentes vestidos con capirotes recorren las calles conduciendo a los costaleros que llevan sobre sus hombros un trono con la imagen de una Virgen doliente, de Jesucristo crucificado... Así es y así se celebra la Semana Santa en muchos puntos de España.

Se trata de una fiesta de carácter nacional y de la que dependen muchos negocios, ya sea directa o indirectamente. Así les ocurre a las tiendas que venden los capirotes, a los talleres que construyen los tronos donde irán las imágenes o las fábricas de velas. Pero les pasa lo mismo con las floristerías que durante esos días incrementan su actividad. Muchos de estos negocios hacen posible la celebración de la Semana Santa en España. Desde Autónomos y Emprendedores hemos hablado como ellos, en puntos distintos del territorio nacional.

Cirios artesanales para iluminar los callejones

En Castilla y León, el inconfundible aroma de la cera impregna el pavimento de piedra de los callejones castellanos, iluminados por la luz de los pábilos. En su recogimiento, los nazarenos desconocen que un artesano ha tardado semanas en elaborar el cirio que portan en sus manos.

“Nos poníamos a fabricar en cuanto acababa el verano”, relata Manuel Yuste, cerero artesanal jubilado y ex propietario de La Fabril Cerera, una fábrica de velas segoviana que tuvo que cerrar el pasado 2018 por falta de relevo generacional.

Yuste recuerda con cariño los 51 años que estuvo al frente de su taller, durante los que llegó a emplear a seis personas. “La Semana Santa suponía prácticamente el 70% de todo el negocio del año. Llegábamos a fabricar entre velas de vigilia y cirios pascuales unas 30.000 unidades” o lo que en cera equivale a 10.000 kilogramos. Una producción que le suponía unos ingresos de entre 3.000 y 4.000 euros al mes, con los que compensaba las temporadas de vacío “en las que apenas llegábamos a cubrir gastos”.

La Fabril_Manuel_Yuste

Este artesano de la cera se convirtió, además, en lo que podía llamarse un ‘microexportador de puertas para adentro’. “Nos hacían encargos de muchos lugares de España ¡Y nunca he dejado de servir ninguno!”, recuerda. Y es que sus cirios no sólo aportaban luz a las principales procesiones e iglesias de Segovia, sino también a las de Cantabria, Zamora o Madrid. “Incluso nos convertimos en la marca blanca de algunos otros fabricantes que ponían su marca a nuestras velas”, comenta.

Para Yuste el secreto de su negocio está en las manos y en la dedicación. “Muchos días no iba ni a comer a casa. En la época fuerte llegábamos a trabajar 15 o 16 horas todos los días de la semana. Nuestro trabajo era artesanal 100% y, para que se haga una idea, cada cirio pascual lleva entre 400 y 500 capas de cera y cada una de ellas hay que dejarla secar durante 24 horas”.

Pero, hace unos años, llegaron las velas eléctricas y con ellas las vacas flacas para Manuel, que pasó de fabricar cerca de 20.000 lamparillas de cera al mes a poco más de 15.000 al año. “Para que el negocio siguiese siendo rentable, tuve que quedarme yo solo. Yo fabricaba, yo vendía, yo hacía los repartos, yo llamaba a las empresas de distribución para enviar los pedidos de fuera de Segovia… Me convertí en Juan Palomo”, cuenta con una sonrisa en su rostro.   

A día hoy, La Fabril Cerera, que ya tiene nuevo dueño, espera abrir de nuevo sus puertas y convertirse de nuevo y a la luz de las velas en un referente de la Semana Santa en España.

Pequeños artesanos que hacen posible los tronos

Uno de los elementos característicos de la Semana Santa en España son los tronos. Grandes estructuras, en su mayoría de maderas bañadas en metal, que portan las imágenes religiosas y que los cofrades levantan sobre sus hombros para recorrer las principales calles de las localidades españolas. Su diseño, construcción y reparación depende, en la mayoría de los casos, de las manos de un artesano, de un autónomo.

Los tronos son construidos, en su mayoría, por pequeños talleres artesanales, dónde la pasión por la Semana Santa y el manejo de la gubia se ha transmitido de generación en generación. Éste es el caso de Fernando Domínguez Parra, autónomo y dueño la Carpintería Religiosa y Tallas Guillena. Un negocio familiar sevillano que tiene más de 100 años y que aprendió y heredó de su suegro.

A esta carpintería le suelen encargar casi todos los años un trono y actualmente están trabajando en cinco nuevos. Domínguez explica cómo es el proceso de fabricación: “nosotros nos encargamos de la construcción completa del trono menos la imaginería. La hermandad se pone en contacto con nosotros y mantenemos una serie de reuniones para decidir el estilo, la forma, el tamaño, las imágenes, etc. Entonces se les hace un proyecto que es aprobado o no en función del presupuesto que tenga la hermandad”. El dinero del que va disponiendo la Cofradía para invertir en el trono es fundamental, ya que se va construyendo en función de lo que la cofradía pueda pagar al taller.

hermandad del Cristo de la Misericordia

Imagen del trono que hicieron para la Hermandad del Cristo de la Misericordia Foto: Web

“Si la cofradía paga 1.000 euros, pues trabajamos 1.000 euros” afirmó Domínguez. Para ello fraccionan el trono en seis partes: frontal, trasera y los cuatro costados, lo que les facilita la construcción y el cobro de su trabajo. En cuanto a los plazos de fabricación, Dominguez afirma que varían en función del tamaño que tenga el trono. “Los hay desde tres metros, hasta siete como el trono de la Cena de Málaga”. Y el tipo depende también, “los hay más o menos cargados. Aunque el margen de tiempo lo pone la hermandad y lo que quiera gastarse, si el dinero fluye se tardan una media de tres años”.

Lo mismo ocurre con el coste total del trono. Su precio puede oscilar entre los 56.000 euros hasta superar los 120.000 euros, “depende de la cofradía, aunque lo más habitual suelen ser unos 82.000 euros. Sin embargo, ya no es como antes, ahora la mayoría de los tronos se pagan poco a poco porque las hermandades no tienen tanto capital ¿Cómo van los cofrades a dar dinero a su hermandad si con la crisis no tienen dinero para pagar sus casas?” se entristeció Domínguez.

Una vez que el trono está fabricado se lleva a la sede del paso. Allí los artesanos terminan de dar los últimos retoques y unen las piezas. “Se ensambla en la sede porque algunos tronos son muy grandes y no se pueden subir al camión para trasladarlos”. La hermandad por su parte realiza una prueba del mismo y termina de pagar. “Todos nuestros tronos tienen una garantía de cuatro años” detalló Domínguez.

La Carpintería Religiosa y Tallas Guillena es un negocio familiar en el que trabajan cinco personas, tres están constituidas como autónomas y dos como asalariados. Al ser una actividad temporal, Domínguez explica que no tienen “un jornal fijo”, y que los ingresos varían en función de la facturación: “si facturamos 12.000 euros pues esa cantidad a repartir”.  Y el resto del año que no es Semana Santa trabajan en la artesanía, en la talla y la fabricación de elementos decorativos siempre con un motivo religioso para Iglesias, tanatorios, etc.

Los floristas -autónomos- inseparables de la Semana Santa

Claveles, lirios, margaritas y gladiolos,... son los inseparables de cualquier procesión. “Hasta el más mínimo detalle es importante. Si algo tienen en común todos los pasos es el cuidado con el adorno floral” así lo aseguraron desde la Floristería Castillón. Nada menos que 60 años son los que llevan estos floristas de Barbastro, un pueblo de Huesca, adornando los pasos de Semana Santa, cargando las procesiones de color y expresividad. También tienen significado. Algunas flores como los claveles rojos están relacionadas con la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Otras, como los lirios morados representan el sufrimiento.

Por esto y mucho más, - aseguró Antonio Castillón, dueño de la floristería que porta su apellido-, a ningún florista le faltan ventas en semana santa. “Si es cierto que hace años había menos competencia y todas las cofradías de la zona acudían a dos o tres floristas. Esto no quiere decir que falte negocio en estas fechas, nada más lejos. Con el tiempo, las flores han ido adquiriendo más valor en la Semana Santa y, aunque tengamos que repartirnos el pastel entre varios, a algunos autónomos y pequeños comerciantes nos da para aumentar en más de 3.000 euros nuestras ventas en unos pocos días” explicó Castillón.

Iglesias, monumentos o pasos, los centros de flores decoran cualquier lugar en Semana Santa. Los propios cofrades guardan todos los años buena parte de su presupuesto para encargar la decoración a los floristas. Solo estos autónomos conocen las preferencias de cada cofradía. “Cada una es diferente, cada centro está personalizado, adaptado a las preferencias de la procesión. Ellos saben mejor que nadie que las flores, en Semana Santa no sirven solo para decorar, sino que ayudan también a transmitir los sentimientos y la personalidad de cada paso” concluyó Castillón.

Los vendedores de capirotes obligados a diversificar para subsistir

La venta de capirotes y textiles especiales para las procesiones son unos de los artículos más típicos de Semana Santa, por lo que es la época en la que estas tiendas especializadas más rentabilizan su actividad. No obstante, la realidad es que estos pequeños negocios tienen que subsistir a base de otros productos durante el resto del año, ya que de los periodos de procesiones no obtienen los suficientes beneficios para mantener el comercio durante todo el ejercicio.

Zarasanta, una tienda especializada de Zaragoza, asegura que no solo pueden vivir de la venta de capirotes y demás indumentaria textil: “Comercializamos distintos artículos adaptándonos a las necesidades del consumidor en cada fecha. En navidades, por ejemplo, tenemos que vender belenes de resina o de barro. Y a lo largo de todo el año ceras o vino para las cofradías”. Por su parte, La Tienda del Cofrade de Córdoba explica que aprovechan el resto de las campañas del año, como las comuniones o los Reyes Magos, para vender estos productos a personas que después las regalan.

La facturación de estos comercios en Semana Santa varía dependiendo de cada tienda. La Tienda del Cofrade asegura que, por ejemplo, una tienda que se dedica a vender estos productos hechos a mano puede llegar a facturar 100.000 euros, otros negocios más pequeños suelen quedarse entre los 5.000 y los 6.000 euros. Por su parte, Zarasanta afirma que los ingresos en este periodo solo sirven para cubrir gastos y pagar nóminas. Incluso, de vez en cuando “hay que pedir créditos al banco para poder pagar”.

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