lunes. 26.08.2019
Opinión

El progreso de los trabajadores

Hay que pensar en el progreso de las personas o de los profesionales de forma amplia y global. Empezar a olvidar conceptos trasnochados como el empleo, para volver a las raíces, el trabajo, pues las empresas tienen que competir, como nunca hasta ahora en la Historia. El auténtico progreso del trabajador no debe reducirse a dentro de la empresa, debe ser progreso en sí mismo.
El progreso de los trabajadores

Hace unos meses un político, cualquier cosa, menos brillante, aseguraba que para que los trabajadores puedan progresar en una empresa sólo hay dos alternativas, unirse o hacer la pelota al jefe. Es decir que o ir a la “guerra”, realizar huelgas para plantear las reivindicaciones correspondientes o simplemente para mantener el pulso al empresario, o convertirse en un servil, perdiendo así la dignidad.

Lo que se le había olvidado a este político es que hay otra forma de progresar en las empresas. A través de la profesionalidad. O lo que es lo mismo, haciendo las cosas muy bien todos los días, formándose de forma continua para poder hacer frente a los nuevos retos provenientes de cambios en el entorno o del propio progreso en la posición del trabajador en la empresa.

También podemos aceptar una cuarta forma de progresar que consiste en no tener escrúpulos para realizar aquello que las empresas requieren en algún momento y que nos produce cierta repulsión a todos (menos a alguno que está dispuesto a realizarlo). Son normalmente las acciones con un impacto social negativo, como puede ser el despido de una parte importante de la plantilla, algo que no todos tienen o tenemos estómago para realizar.

Hay otro tipo de acciones que también se reservan a las personas que escogen esta forma para progresar como son, las acciones ilegales y algunas otras que no se pueden calificar de ilegales, pero sí de a-legales.

A la vista de estos argumentos, si el político comentaba que la forma de progresar en la empresa se limita a las dos alternativas que planteaba de la unión o hacer la pelota al jefe es porque no ha trabajado en la empresa o si lo ha hecho ha sido muy poco tiempo y no le ha dado tiempo a enterarse de que las tres alternativas del progreso en la empresa son la competencia -ser buen profesional-, la confianza -perteneciendo a un círculo íntimo o cuando menos próximo del empresario- y la falta de escrúpulos -para realizar acciones con impacto social negativo o de dudosa legalidad-.

Pero si seguimos analizando las declaraciones de ese político, podemos concluir en que por muy progresista que se declare, realmente es un ciudadano de otra época, pues el siglo XXI se enmarca en un contexto de cambios rápidos, de nuevas tecnologías que marcan un ritmo brutal y que pueden llegar a saber por dónde van o hacia donde nos podemos dirigir, ...

En estos momentos hablar del progreso del trabajador restringiendo su desarrollo al trabajo en una empresa resulta algo relacionado con conceptos de la Primera Revolución Industrial. Pero resulta que estamos en la Cuarta Revolución Industrial, que está marcada, entre otras cosas por la temporalidad, debido a la velocidad a la que suceden los acontecimientos, por ello pensar en la carrera profesional en el contexto de una empresa no tiene ningún sentido.

Hay que pensar en el progreso de las personas o de los profesionales de forma amplia y global, como corresponde al momento que nos ha tocado vivir. Empezar a olvidar conceptos trasnochados como el empleo, para volver a las raíces, el trabajo, pues las empresas tienen que competir, como nunca hasta ahora en la Historia y no pueden permitirse el lujo de llevar en la mochila a una serie de empleados o trabajadores que no estén produciendo al nivel que la empresa lo requiere. Y si la respuesta se los empleados es la unión, la huelga o la “guerra”, están dando la excusa perfecta al empresario para prescindir de ellos.

Si es la otra alternativa que propone, como es la de hacer la pelota al empresario, estamos hablando de convertir al trabajador en un bufón y nada más fácil que prescindir de un bufón, cuando la situación no está para gracias.

El auténtico progreso del trabajador no debe reducirse a dentro de la empresa, debe ser progreso en sí mismo. Que el propio trabajador sea el que progrese de tal forma que pueda contribuir en mayor medida a los resultados de la empresa en la que esté trabajando con carácter temporal, pues como ya hemos dicho, si hay algo que marca el momento actual es la velocidad a la que se producen los acontecimientos y el trabajador tiene que estar preparado entre otras cosas para ir cambiando de empresa de forma continua. Ya sea porque la empresa en la que está tiene que prescindir de sus servicios, ya sea por quiebra o desaparición de la empresa, ya sea porque las aspiraciones del trabajador son mayores que las que la empresa puede ofrecerle.

Es importante estar alineado con el momento en el que te toca vivir y si el momento es de temporalidad y rapidez e incertidumbre, hay que estar preparado para trabajar siempre para uno mismo y, a veces, en una empresa con carácter temporal. Esto nos abriría otra oportunidad o alternativa, que es la de trabajar en tu propia empresa, y establecer con otras empresas modelos de colaboración. En definitiva, podríamos hablar, sin duda, la emergencia del autónomo o del profesional independiente. Aquí es donde ya acaba con la propuesta del referido político, con este modelo negamos la mayor y nos quedamos como alternativa, con la profesionalidad, el conocimiento, la experiencia, la excelencia, la ética y todas las buenas prácticas que deben honrar a un profesional de verdad del siglo XXI.

El progreso de los trabajadores