El deseo de emprender choca con el número de sociedades que se crean cada año

España es el quinto país del mundo en espíritu emprendedor, pero las trabas impiden crear empresas

España se sitúa en quinto lugar mundial en espíritu emprendedor, sin que eso se traduzca en nuevas empresas.

Un estudio, con metodología de la Universidad de Pensilvania, sitúa España entre los cinco países con mayor afán emprendedor. Pero la posición es mucho más baja en las cifras de creación de nuevas empresas. 

  1. Existe una brecha entre mentalidad y acción: no se crean tantas empresas como cabría esperar
  2. El papel de los autónomos y las pymes
  3. Obstáculos que frenan la transformación
  4. La clave está en convertir la actitud en empresa, reduciendo trabas y mejorando la fiscalidad

España se sitúa en el quinto puesto del ranking mundial de países con mayor mentalidad emprendedora, según un estudio internacional realizado por Remitly y basado en la reconocida Escala Grit, diseñada por la psicóloga Angela Duckworth en la Universidad de Pensilvania (EEUU). El análisis, aplicado a más de 7.000 participantes de 26 países, sitúa a España entre las sociedades con mayor perseverancia y pasión por emprender.

Así, con una puntuación de 41,13 sobre 60, nuestro país queda por delante de potencias como Estados Unidos (40,96), así como de otras economías consolidadas de Europa (Italia, con 40,45), y puntúa solo por detrás de Sudáfrica, Reino Unido, Irlanda e India.

El estudio mide la propensión a mantener el esfuerzo a largo plazo, y evalúa de forma numérica la pasión y la perseverancia de los autónomos que se lanzan a emprender un negocio por cuenta propia. Esa mentalidad no guarda una correlación directa con el número de nuevas empresas creadas, lo que abre un debate sobre las dificultades estructurales para transformar el ánimo emprendedor en proyectos reales.

Según los resultados del mismo, la española destaca como una sociedad con altos niveles de creatividad, resiliencia y ganas de innovar, particularmente en sectores como la energía verde, el turismo y la tecnología.

Existe una brecha entre mentalidad y acción: no se crean tantas empresas como cabría esperar

Sin embargo, las conclusiones de los expertos de Remitly destacan un matiz esencial: la mentalidad emprendedora no se está traduciendo plenamente en lo que a la creación efectiva de empresas se refiere. La mentalidad emprendedora no se está traduciendo plenamente en lo que a la creación efectiva de empresas se refiere.

Según el propio estudio, España muestra una diferencia negativa de 11 puntos entre su posición en la valoración de mentalidad respecto a la relación de nuevas empresas creadas. En el número de nuevas sociedades registradas por cada 1.000 personas en edad de trabajar (de 15 a 64 años).

Esta valoración, que lidera Estonia con un índice de 24, evidencia un problema recurrente en España: la burocracia, el acceso limitado a financiación y los elevados costes laborales frenan la transformación de ideas en empresas reales. Ese desfase entre intención y acción es precisamente la lectura que muchos autónomos y pymes deben considerar.

Según afirma Ryan Riley, vicepresidente de Marketing para EMEA y APAC de la plataforma, “el emprendimiento suele empezar por tener la mentalidad adecuada. Hace falta determinación, perseverancia y la convicción de que puedes crear algo mejor, incluso cuando las circunstancias no juegan a tu favor. Cuando surgen obstáculos, es esa actitud la que te permite seguir adelante”.

Un estudio internacional nos encuadra entre las sociedades con mayor pasión por emprender.

En relación con los hallazgos del informe, Riley matiza que tener la mentalidad adecuada “no asegura el éxito, pero sí te da una base sólida. Tanto si se está empezando con un proyecto pequeño o haciendo crecer el negocio, esa motivación interior puede ser justo lo que transforme una idea en algo que perdure”.

El papel de los autónomos y las pymes

“Para millones de trabajadores por cuenta propia y pequeñas empresas españoles, la mentalidad existe; faltan a menudo recursos, financiación accesible y trámites más ágiles que permitan escalar proyectos sin que la burocracia se coma la ambición”, corroboró a este diario la profesora de la Universidad Politécnica de Bilbao, Nador Aguirregabiria.

En este sentido, la experta destaca que la importancia de los autónomos y las pymes en ese salto de mentalidad a acción es incuestionable. No en vano, España cuenta con más de 3,43 millones de trabajadores autónomos, una cifra que refleja la magnitud del tejido por cuenta propia y su peso en la economía nacional.

Además, este volumen de autónomos demuestra que gran parte del músculo emprendedor del país ya opera en clave empresarial, aunque con tamaños y capacidades muy dispares. El músculo emprendedor del país ya opera en clave empresarial.

Existe una brecha entre mentalidad y acción: no se crean tantas empresas como cabría esperar de tanto afán emprendedor.

Y es que, las pequeñas y medianas empresas constituyen el pilar del tejido productivo: las pymes suponen aproximadamente el 99,8% del conjunto empresarial español y generan una porción mayoritaria del empleo y del valor añadido en el país.

“Esa realidad, una mezcla de densidad empresarial y fragmentación por tamaño, explica por qué dinamizar el paso de la idea a la empresa sostenible es prioritario para políticas públicas y para la propia supervivencia de miles de negocios”, añadió Aguirregabiria.

Obstáculos que frenan la transformación

Para contextualizar cómo se traduce el emprendimiento en el empleo, entidades como el think tank de las antiguas cajas de ahorro Funcas destacan que las pymes generan alrededor de seis de cada diez puestos de trabajo en el sector empresarial español. Un dato que subraya la relevancia social y económica del ecosistema de autónomos y pymes para el tejido económico nacional.

Frente a esos números, los resultados del estudio de Remitly y los propios agentes del ecosistema apuntan a varios cuellos de botella a los que se enfrentan los profesionales en nuestro país: acceso a financiación, complejidad administrativa, coste laboral y dificultad para escalar.

“No es sólo una cuestión de querer emprender, sino de poder hacerlo de forma rentable y sostenida”, explicó la experta, quien asegura que si bien el ranking de mentalidad deja claro el potencial (“la madera emprendedora existe”), el reto es convertir ese capital humano en empresas que creen empleo y riqueza.

Nador Aguirregabiria es profesora de la Universidad Politécnica de Bilbao.

En ese sentido, organizaciones como CEPYME reclaman medidas concretas: simplificación de trámites de constitución, incentivos fiscales vinculados al crecimiento (no sólo a la creación), programas de mentoring y líneas de crédito específicas para pymes innovadoras y autónomos con iniciativa exportadora o digital. Simplificación de trámites de constitución, incentivos fiscales vinculados al crecimiento.

“Si queremos que la mentalidad emprendedora dé frutos cuantificables, hace falta adaptar el marco a la realidad de quien empieza solo o con un equipo muy reducido”, apuntó Aguirregabiria. Para esta experta, el volumen de casi tres millones y medio de autónomos demuestra que las políticas deben orientarse a acompañar y no “a filtrar talento por procedimientos largos e inasumibles para un profesional”.

La clave está en convertir la actitud en empresa, reduciendo trabas y mejorando la fiscalidad

Para los autónomos y las pymes que ya operan, las conclusiones del estudio deben leerse como un estímulo: España tiene el ánimo, la creatividad y la resistencia necesarias. Los expertos coinciden en que ahora toca construir puentes (tanto financieros y administrativos como formativos) que conviertan esa mentalidad en supervivencia empresarial y crecimiento.

Desde el punto de vista práctico, las recomendaciones de los mismos incluyen mayor acceso a herramientas digitales, asociaciones empresariales que ofrezcan servicios colectivos –desde compras hasta internacionalización– y una fiscalidad que premie la reinversión y la contratación. Por supuesto, también reduciendo las trabas que implica poner en marcha una nueva empresa.

“El agujero entre mentalidad y creación de empresas no es irrevocable”, concluyó la profesora, destacando que las condiciones necesarias para transformar la ambición en actividad productiva están sobre la mesa.

“En ese trayecto, los propios autónomos y pymes serán, como siempre, parte activa de la solución, innovando, asociándose y exigiendo políticas que les permitan convertir el espíritu emprendedor en empresas viables y duraderas”.