La mitad de los compradores no comprende el alcance de los datos que cede en redes

Fraudes en redes sociales: afecta a una de cada cinco intentos de compra y perjudica a los negocios legales

Una de cada cinco compras en redes sociales es fraudulenta y deja en entredicho a miles de negocios 'online' legítimos.

Instagram, TikTok y Facebook concentran buena parte del comercio digital, pero también de ciberfraude, según un informe. La desconfianza crece, y muchos autónomos que usan estos canales tienen que invertir más solo para parecer creíbles y demostrar a diario que no forman parte del problema.

Las estafas vinculadas a compras impulsivas a través de las redes sociales están creciendo en España, con subidas del 20% en los ciberdelitos y picos del 38,9% en ciudades como Logroño. Según una alerta reciente de Panda Security, los fraudes más comunes incluyen productos que nunca llegan, cobros ocultos y captación de datos a través de sorteos falsos o promociones engañosas.

Este tipo de engaños no perjudica solamente a los consumidores, sino que arrastra también a los autónomos y pequeños negocios que venden legalmente por Instagram o TikTok.

La desconfianza generada por estos fraudes les obliga a demostrar constantemente que sus negocios son legales y no forman parte del problema, a costa de más esfuerzo, menos ventas y mayor inversión en su reputación digital.

  1. Las redes sociales ya superan los 150.000 millones de dólares en ventas globales
  2. Productos inexistentes, cobros no autorizados y sorteos fraudulentos entre las estafas
  3. Una mala experiencia con una tienda falsa hace que el consumidor desconfíe de todas
  4. Los consumidores también deben extremar las precauciones

Las redes sociales ya superan los 150.000 millones de dólares en ventas globales

El auge del comercio online mediante las redes sociales ha hecho que estos canales ya no se usen solamente para inspirarse o buscar opiniones, sino directamente para comprar. En 2021, las ventas globales a través de redes sociales superaron los 150.000 millones de dólares y podrían alcanzar los 250.000 millones antes de 2026, según estimaciones del sector.

Y ese crecimiento ha ido acompañado de un incremento de fraudes. En España, los ciberdelitos subieron un 20% interanual, con las estafas en redes sociales como una de las principales categorías, según el Instituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe). En algunas ciudades, como Logroño, se ha registrado un aumento del 38,9% de ciberdelitos en el primer trimestre de 2025, muchos vinculados a “compras engañosas por internet”.

Para los autónomos y pequeños comercios que operan en Instagram Shopping o Facebook Marketplace, esta situación tiene un doble impacto. Por un lado, representa una vía de crecimiento con costes reducidos. Pero por otro, los fraudes ajenos deterioran la imagen general del canal, provocan rechazo entre potenciales compradores y obligan a invertir más recursos en ganarse la confianza del cliente.

Muchos autónomos pagan esa desconfianza en forma de trabajo extra. No basta con tener un buen producto: hay que demostrar constantemente que el negocio es real. Publicar con frecuencia, responder a dudas, visibilizar políticas de devolución, gestionar reseñas y ofrecer pruebas de legitimidad se ha vuelto imprescindible para poder vender.

Productos inexistentes, cobros no autorizados y sorteos fraudulentos entre las estafas

Los fraudes detectados van desde productos inexistentes hasta cobros no autorizados por falsos envíos, sorteos fraudulentos, clonación de perfiles comerciales o técnicas de phishing [suplantación de identidad]. Las plataformas sociales se han convertido en terreno fértil para este tipo de engaños gracias al comportamiento impulsivo del comprador y a la falta de mecanismos de reclamación eficaces.

El fraude online incluye productos inexistentes, cobros no autorizados por falsos envíos, sorteos fraudulentos…

Algunas páginas aparentan ser tiendas reales, con ofertas llamativas, descuentos agresivos y testimonios falsos. Pero una vez realizada la compra, el producto nunca llega, o el usuario descubre que ha contratado una suscripción con cargos mensuales que no puede cancelar fácilmente.

También proliferan los sorteos fraudulentoss y las promociones que prometen regalos a cambio de introducir datos personales o bancarios. Estas trampas, disfrazadas de concursos en apariencia inofensivos, acaban sirviendo como puerta de entrada para la suplantación de identidad, el acceso a cuentas bancarias o la instalación de malware en dispositivos móviles.

Buena parte del problema radica en el tipo de decisiones que toma el consumidor cuando navega por redes sociales. La inmediatez, el miedo a perder una oportunidad y el uso de imágenes cuidadas favorecen un clima de impulsividad.

Una mala experiencia con una tienda falsa hace que el consumidor desconfíe de todas

El vendedor legítimo tiene que empezar desde más abajo, partiendo de una desventaja frente a quien vende desde un ecommerce tradicional o desde un canal más consolidado.

A diferencia de las plataformas de comercio electrónico más conocidas, las redes sociales no siempre ofrecen garantías suficientes al comprador. Los mecanismos de reclamación son ambiguos y, en muchas ocasiones, las cuentas fraudulentas ya han desaparecido cuando el usuario intenta contactar.

Las redes sociales se han convertido en terreno fértil para engañar al comprador impulsivo.

Además, muchas de estas cuentas están gestionadas desde fuera de la UE, lo que dificulta cualquier actuación legal o administrativa. No sólo perjudican al consumidor, sino que generan además una competencia desleal frente a los pequeños negocios españoles, que sí cumplen con la legislación y soportan sus obligaciones fiscales.

Para los negocios que venden en redes sociales, Panda Security aporta algunos consejos: es fundamental establecer medidas claras de confianza. Contar con una página de contacto visible, ofrecer varios métodos de pago seguros y dejar clara la política de devoluciones son acciones básicas para diferenciarse de una tienda falsa.

También es recomendable tener presencia fuera de la red social: una página web propia o una tienda en un marketplace puede servir de respaldo ante posibles desconfianzas. Incluir opiniones reales, mostrar el rostro detrás del negocio y generar contenido que aporte valor puede ayudar a reforzar la credibilidad.

Los consumidores también deben extremar las precauciones

Panda Security recuerda que es preferible desconfiar de las cuentas recién creadas o con pocas publicaciones, evitar formularios poco claros y comprobar si el negocio ofrece una razón social, un CIF o algún canal de atención más allá del perfil en redes.

Las grandes plataformas han empezado a introducir mecanismos de control, pero la velocidad con la que aparecen nuevas cuentas y la sofisticación de las estafas superan con frecuencia la capacidad de respuesta. Esto obliga a los pequeños negocios a asumir un papel más activo en la defensa de su reputación.