Opinión

Empleado, empresario o autónomo, el gran dilema

Cuando llegaba el momento de ganarse la vida fuera de la familia, hasta ahora se tenía una idea muy clara, prepararse para ser empleado, es decir, estudiar para colocarse o directamente colocarse, de tal forma que alguien, el empleador, se encargara de cubrir las necesidades del empleado de por vida, sin que éste incurriera en ningún riesgo, sino a cambio de un trabajo repetitivo en la mayoría de los casos.

Empleado, empresario o autónomo, el gran dilema

Es decir, que el sistema estaba preparado para que todo el mundo siguiera en la rueda, generando enormes ganancias para unos pocos, que sí incurrían en riesgo, pero que a cambio recibían el beneficio generado por ese trabajo repetitivo, aquellos que se habían salido de la rueda y entendía que tenían que conseguir que otros trabajaran para ellos a cambio de garantizarles un cierto nivel de bienestar.

Es decir, que el mundo estaba preparado para dos tipos de personas, los empleadores o empresarios que asumían el riesgo financiero del negocio y los empleados o trabajadores que no asumían ningún riesgo y se limitaban a trabajar de forma repetitiva, realizando un trabajo físico o intelectual durante un número determinado de horas y en un cierto lugar físico definido.

Todo esto ha funcionado durante siglos, creando dos castas diferentes, los ricos que asumen riesgos y los mas o menos acomodados que no consumen riesgos, pero ha funcionado porque había un mercado en crecimiento continuo, aunque no exento de ciertos dientes de sierra. El problema para unos y la gran oportunidad para otros se presenta cuando el mercado ya no está en esa situación de crecimiento continuo y uniforme, sino que empieza a tener fuertes fluctuaciones, momentos de crecimiento espectacular para cierto tipo de productos o servicios, acompañados de caídas enormes del consumo de los mismos.

En esos momentos, los empleadores tienen que buscar una fórmula que les permita adaptar sus costes en función del volumen de actividad de su negocio y ya no pueden garantizar la seguridad que antes representaba el empleo, sino que tienen que dar trabajo a los empleados, me gusta más utilizar el término trabajador, en función de las necesidades que el negocio requiere en un mercado donde ese crecimiento continuo y uniforme del que hemos hablado, ha desaparecido.

Es más, ese mercado estable estaba soportado por el consumo continuo y creciente de una clase media ansiosa de demostrar a los demás su poder adquisitivo, adquiriendo productos y servicios a precios muy elevados, lo que permitía a los empresarios a mantener estructuras poco productivas sin mayores problemas, pues lo único que pasaba es que ganaban menos de lo que potencialmente podían ganar, pero aún así las empresas seguían siendo rentables.

El problema se presenta cuando ese mercado desaparece. Los indicios de esa desaparición los tuvimos a mediados de los 90, cuando se firman los acuerdos de las últimas Rondas del GATT, que son el origen del mercado global y la explosión de las Tecnologías de la Información, lideradas por Internet, que facilitan que ese mercado sea aprovechado por empresas globales que ya habían, en muchos casos, saturado los mercados en los que habían estado presentes hasta ese momento.

Pero si a esa situación de mercado añadimos la situación creada por la desaparición parcial de la clase media, a partir de la crisis que comienza en el 2008, donde los restos que quedan, además cambian su actitud y donde antes presumían de lo caro de los productos que habían comprado, ahora presumen ante los demás del chollo que han encontrado, de lo listos que son comprando a precios muy reducidos, entrando de lleno en un mercado 'low cost'.

En esta situación, los empresarios tienen que empezar a ajustar sus costes para poder obtener beneficios y una de las partidas de mayor coste son los empleados con lo que tienen que convertirlos en trabajadores, es decir, se acaba la seguridad del salario de por vida y se vuelve a las raíces de la era agrícola, donde los trabajadores, ya no empleados, trabajarán en función del trabajo que realmente exista, y así cada vez más encontramos el trabajo temporal y a tiempo parcial y como complemento legal a esta situación, nos encontramos con la figura del trabajador autónomo económicamente dependiente.

Es decir, que la situación de mercado, la realidad empresarial y las figuras legales, nos van orientando, si no obligando hacia una situación en la que el empleado se convierte en trabajador, quien ha perdido las ventajas del empleado de salario garantizado a cambio de ese trabajo repetitivo, sin aportación creativa y aquí viene el momento de preguntarse qué quiero hacer con mi vida profesional.

¿Quiero seguir intentando ganarme la vida como empleado?, sin aportar creatividad a mi trabajo, en la mayoría de los casos sin aportar nada más que una pequeña parte de mis conocimientos y estando siempre en manos de las necesidades o no de mi trabajo por parte del empleador, es decir, sin la seguridad que antes tenía y digo tenía porque ya no se tiene.

La otra alternativa es la de salirse del ruedo como plantea Robert T. Kiyosaki en su libro “Padre rico, padre pobre” y hacer que otros trabajen para ti, es decir, dar el paso y convertirse en empleador, aunque sea de una pequeña estructura, pues siempre quedarán personas que sólo quieren aspirar a que otros les digan lo que tienen que hacer y se preocupen por conseguirles la forma de subsistencia.

La otra alternativa es convertirse en un trabajador autónomo, intentando dirigir de alguna forma su propio destino, si bien siempre estará condicionada por el mercado, pero eso es algo que se puede paliar si el autónomo en vez de hacer un trabajo repetitivo se convierte en un trabajador creativo, con una mentalidad de aprendizaje y más bien de adaptación continua que se capaz de aportar permanentemente un valor diferencial.

Se ha terminado la era en la que las personas se colocaban, eso es para los muebles, las personas no tienen que prepararse para dirigir en la mejor forma posible su destino profesional.

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