lunes. 17.01.2022

¿Quién viste al Ejército de Tierra?

Calcetines, botas, camisetas, prendas deportivas y uniformidad de campaña con tecnología de vanguardia y una sistema pionero que, seguro, envidiarían las textiles más punteras… Una docena de pymes y tres grandes empresas ponen en perfecto estado de revista a los militares españoles.
¿Quién viste al Ejército de Tierra?

Ahorrarse un 20% cada año del presupuesto de gastos gracias a un sistema implantado por el Ejército de Tierra al que dan respuesta una docena de pymes y tres grandes empresas. La idea resulta más que atractiva y para nada utópica. Adelantándose a la CORA (Reforma de las Administraciones Públicas), ésta es la práctica que se viene aplicando en el Ministerio de Defensa desde 2008.

¿Cómo? “Como lo hace cualquier familia”, explica Gerardo Sánchez, presidente de AESMIDE (Asociación de Empresas Contratistas con las Administraciones Públicas), “sabiendo que el gestor no ha de agotar todo el crédito y siendo conscientes de que la eficiencia debe darse tanto en tiempos de crisis como de bonanza”.

Con el principio de siglo las Fuerzas Armadas españolas se profesionalizaron. Nuevas tecnologías y sistemas de gestión traspasaron entonces los muros del Ministerio de Defensa de España con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los soldados, tanto desde el punto de vista de la alimentación y eficiencia energética como desde la propia uniformidad.

Esta premisa coincidió con la crisis que obligó, a todos, a apretarse el cinturón. Abaratar costes pasaba por la externalización de determinados servicios que, además, permitían que “el profesional militar lo fuera verdaderamente y se dedicara 100% a desarrollar sus funciones”.

12 pymes españolas garantizan el suministro de prendas al Ejército de Tierra

Se puso el germen de lo que hoy se conoce como Sistema Personalizado de Uniformidad del Ejército de Tierra, conocido entre el colectivo castrense como Equipo Básico. Pionero a nivel mundial, el proyecto, puesto en marcha en 2008, se desarrolla en torno a la centralización de la gestión del stock de los uniformes de los soldados vía UTE (Unión Temporal de Empresas). Así, son 15 empresas españolas -de las que 12 son pymes- las que “garantizan el suministro de prendas al Ejército de Tierra”.

Cuidar el cinturón industrial

Formando equipo con un gigante como El Corte Inglés, Gahn, calcetines Mingo o Yuma, son tres de las pequeñas empresas que participan en la UTE. Todas coinciden: “Nosotros, por si solos no podríamos participar en proyectos de tal envergadura”. De hecho, se anticipa a una de las medidas que el Gobierno tiene previsto incorporar en la Ley de Contratación Pública, la contratación del servicio se realiza “de forma excepcional” en un único lote.

Desmontando tópicos y pese a ser la empresa que dirige Dimas Gimeno quien ostenta la gerencia, es una pyme como Gahn “el eje y la clave para el proyecto”, destaca el presidente de Aesmide. No en vano. La gestión del almacén y distribución de la compañía madrileña de logística, gestión y consultoría “es el puente entre empresas y cliente”.

Además de recepcionar y repartir cada uno de los 156 artículos que componen los equipos básicos, de combate, complementario de montaña o uniformidad de trabajo para el personal de los cuarteles, entre otros, Gahn es la artífice de una aplicación que “permite que los soldados pidan de forma individual sus prendas sólo cuando las necesitan”, explica su directora general Esther Graullera. Frente a los 750 puntos (euros) de antes de ponerse en marcha la UTE cada uno de los activos cuenta con un crédito de 343 puntos de media por anualidad que “no necesariamente se consumen”. Un 55% menos de gasto que ha ahorrado en torno a seis millones de euros a la Administración, que “aunque sigue teniendo el control real ha trasladado el riesgo económico a las empresas que integramos la UTE”.

Participar en el proyecto “nos ha permitido diversificar”, afirma Graullera quien sonríe, “hasta 2005 sólo realizábamos proyectos de consultoría de organización y gestión para entidades del Sector Público y privado y desarrollábamos sistemas de información. A partir de entonces nos introdujimos de pleno en el sector de la logística. Este proyecto nos ha permitido consolidarnos en esta actividad”.

José María García, gerente y director comercial para el sector público de Yuma, afirma que “permitir a la pyme participar en iniciativas de este calado es cuidar el cinturón industrial de España”. La compañía es la encargada, entre otras, de suministrar varias de las prendas de combate, deporte y montaña de los militares.

Crear empleo de calidad

Entre los casos más llamativos está el de Calcetines Mingo. José Manuel Mingo, cuarto de una generación de calceteros, y gerente desde el año 1999, destaca que “este tipo de contratos permiten planificar el trabajo a cuatro años vista”. Una “seguridad” cuya consecuencia inmediata se traduce en creación de nuevos puestos de trabajo e incremento de las inversiones en innovación.

En el último mes han contratado a seis personas con contrato sin fecha de término

En el caso de esta empresa familiar “hemos crecido de la mano de este proyecto”. De hecho, han pasado de apenas tres empleados en 2003 a los 17 actuales, de los que 12 son indefinidos. A este respecto, cabe destacar que el empleo que se genera es de calidad. Yuma, para quien “entrar en la UTE fue un balón de oxígeno” es otro ejemplo. En el último mes han contratado a seis personas con contrato sin fecha de término “para poder afrontar los nuevos pedidos”.

También Gahn ha contribuido a la mejora del mercado laboral. Desde que arrancó el proyecto han contratado y mantenido 16 puestos de trabajo para el departamento de logística, a las que hay que sumar los eventuales en momentos punta. En su caso, además, han generado empleos indirectos ya que para realizar los trabajos de distribución han recurrido a los servicios de varias empresas de transporte, “la mayoría también pymes”.


Innovación, internacionalización y flexibilidad

Trabajar para el Ministerio de Defensa, por un lado, y el efecto arrastre de las grandes empresas, por otro, ha supuesto un puntal de valor añadido para las pymes que no sólo se sienten arropadas sino que también aprenden, participan y aportan técnicamente. Certificados como los ISO o PECAL son rasgo común para las 15 empresas de la UTE que, además destinan gran parte de sus beneficios a I+D. El estar al abrigo de una gran empresa “nos ha permitido proteger nuestras inversiones. Es una ayuda para que las pequeñas fábricas y empresas de España incorporemos tecnología puntera, podamos evolucionar y crear nuevos desarrollos”, afirma José Manuel Mingo.

El camino de la internacionalización también es más sencillo si se está acompañado por un grande. A este respecto, el gerente de Yuma destaca que “cualquier empresa española es buena por si sola pero si se junta con varias se convierte en muy buena”, lo que ayuda de cara a la internacionalización. “Estamos a la altura de cualquier proyecto europeo, americano o donde quiera que sea. Pero nos falta creérnoslo”, apostilla.

A la vista de todo ello surge la pregunta ¿y qué ganan las grandes empresas en todo esto? La respuesta se concreta en un solo término: flexibilidad. “Las pymes tenemos una infraestructura y unos tiempos de respuesta mucho más ágiles”, concluye Graullera.

¿Quién viste al Ejército de Tierra?