martes. 31.03.2020

VINOTECA EL SUMILLER

De informático a sumiller en una antigua mercería de Aluche

De informático a sumiller en una antigua mercería de Aluche

Hacer realidad su vocación. Esa es la motivación que llevó a Juan a dejarlo todo y convertirse en un referente para quienes gustan de los placeres de Baco. Desde que abrió sus puertas, hace apenas seis meses, cuenta con 125 referencias que descubren que el vino en España va mucho más allá de “las tres erres (Rioja, Ribera y Rueda)”. Su facturación media oscila entre los 7.000 y 10.000 euros al mes. “Va como un tiro”, admite sonriendo, su propietario.

De informático a sumiller en una antigua mercería de Aluche

Sin ostentaciones. Como los grandes tesoros que se esconden en la rutina de lo cotidiano. Esos placeres que son de verdad. Esta es la esencia de la vinoteca El Sumiller, en pleno corazón del Aluche. Pese al coqueto tamaño, sus dos ventanales dejan entrever gran parte de las 125 referencias con las que que Juan Barranco hace las delicias de los paladares de vecinos y no tan vecinos, ya que a Juan le visitan clientes de localidades tan distantes como San Sebastián de los Reyes, Pozuelo y Las Rozas. “Sólo busco compartir mi pasión. Que he convertido en mi profesión y forma de vivir”, explica con la sencillez del chico de barrio que lo abnadonó todo por ser lo que siempre había querido.

Hace diez años, Juan, informático de carrera, dejó un puesto de trabajo estable en una multinacional -“en el que era más o menos feliz”- por convertir su vocación en realidad: ser sumiller. Sin embargo, no sería hasta octubre del año pasado cuando se abrieron por primera vez las puertas de su vinoteca. “2017, era el año. Se dieron todas las circunstancias”. Entre ellas la posibilidad de capitalizar el 100% del paro, lo que le permitió acometer de su propio bolsillo la inversión para reformar lo que era una antigua mercería y vestirla con vinos de todas las regiones de España.  

En los apenas seis meses que lleva descubriendo los placeres de Baco su facturación media oscila entre los 7.000 y 10.000 euros al mes. “Va como un tiro”, admite sonriendo. Aunque inmediatamente pone los pies en el suelo “las cifras son poco realistas por el momento, ya que hemos abierto en plena temporada Navideña y en muchos de estos negocios más del 60% de la facturación se genera entre los meses de noviembre y enero”. De hecho, Juan cuenta como anécdota “me han sorprendido la cantidad de pedidos que me han hecho estas navidades para regalar a médicos, especialmente de viudas y gente mayor”.

Cultura de vino

Juan -que sólo cuenta con la ayuda de una cocinera- puede convertirse en un ejemplo de cómo romper el estereotipo del consumo estacional y regional de vino. Como buen sumiller que se precie su vocación es sorprender a propios y ajenos con sabores que van más allá de las tópicas ‘tres erres (Ribera, Rioja y Rueda)’. De ahí las armonías, que Juan elabora “por intuición. Visualizando el sabor del vino y del plato”, y que  protagonizan las tardes de los jueves en El Sumiller. Vinos de Requena, Navarra, Toro, La Mancha o Jerez son algunos de los descubrimientos que, maridados con su tapa, dejan de ser “patitos feos” para convertirse en cisnes. Barcolobo (Valladolid), Valleyglesias (Madrid), William &Humbert (Jerez) o Elías Mora (Toro), son algunas bodegas que han visitado la vinoteca.

Lejos de lo que pueda sumar a la caja de cada mes, el objetivo de las catas es “contribuir a difundir la cultura del vino. Cuando algo no se conoce es difícil quererlo, amarlo y defenderlo”. Respecto a si en España o no existe dicha cultura del vino Juan califica el debate de “interesante y espinoso. Nos creemos que somos los mejores, pero ahora no es así. Hace años ocupábamos la primera posición entre los países productores, a día de hoy somos los terceros por detrás de Francia e Italia”. Este ejercicio de “formación”, cuyo coste para el consumidor oscila entre los 15 y los 25 euros, aporta el 25% de la facturación de la vinoteca.

Su labor de mentor no se quedará aquí. El enoturismo está ya en la hoja de ruta de El Sumiller “la idea es, en pocos meses, organizar excursiones a bodegas de Madrid o provincias limítrofes o e ir fomentando el consumo de estos vinos”. 

No obstante y más allá de bodegas y enólogos lo cierto es que la pasión por la enología “va calando poco a poco”. Aunque “hay un vino para cada persona, los clientes se dejan asesorar cada vez más y son más selectivos”. La moda del marketing experiencial es algo que en el vino se da desde tiempos ancestrales “es un producto de momentos, no de precios”. Tal es así que entre sus referencias se puede encontrar, por empleo, un vino sin alcohol "la mujeres embarazas lo demandan cada vez más", comenta. Asimismo, y aunque vende muchas botellas para 'chatear' en el local, reconoce que “donde más se consume vino es en casa”. De hecho, la tienda genera el otro 35% de la caja mensual de El Sumiller.

Competir con LaVinia y Carrefour

Superadas las mil y una trabas burocráticas, que para Juan “ha sido lo más complejo” a la hora de emprender y enfrentarse al reto de convertir la antigua mercería del barrio en una vinoteca, toca posicionarse. La competencia en el sector va in crecesndo. La Vinia, La Boella, El Naranjo o Baco son algunos de los nombres que no faltan en el listado de aquellos que gustan de buenos caldos. “Soy consciente que no puedo competir en precio con estos establecimientos, sencillamente porque los volúmenes de los pedidos son muy inferiores”, explica Juan. Ahora bien, además del mimo con el que trata cada una de las botellas, sus valores son “la flexibilidad, la agilidad y la posibilidad de que si me encargan una referencia concreta la puedo conseguir de manera mucho más sencilla, sin cortapisas ni peros”.

El Sumiller tiene también otros competidores. Las tiendas especializadas de grandes supermercados como El Corte Inglés o Carrefour, “se han dado cuenta del interés que se está despertando por conocer el vino”. Si bien tienen más accesible la oferta, el punto débil es “la rotación y el almacenamiento, la posición de conservación no es la óptima”, explica Juan que, por el contrario, dedica muchas horas cuidar y vigilar el vino “el tiempo máximo que me permito son 10 meses. Si se supera ese tiempo la retiro del estante”.

A sabiendas de que es importante, especialmente desde que Amazon se ha convertido en otro escaparate del sector, se ríe al reconocer “soy analógico y me ha costado adaptarme a los ritmos que marcan las redes sociales”. Twitter, Facebook y en poco tiempo Instagram son herramientas “fundamentales, aunque no creo que me vayan a aportar mucho negocio”.

De cara al futuro de El Sumiller, Juan no descarta nada, ni siquiera la internacionalización. No obstante, insiste “mi reto es seguir haciendo las cosas con mucho cariño para que esta pasión, que hoy es mi negocio me de para vivir. No pretendo hacerme rico”. 

De informático a sumiller en una antigua mercería de Aluche