Sábado. 15.12.2018

PROVOCAN GRANDES PÉRDIDAS

10 consejos para prevenir hurtos en los pequeños negocios

10 consejos para prevenir hurtos en los pequeños negocios

Cualquier propietario de un pequeño negocio ha sufrido hurtos en su local a lo largo de los años. El hurto supone al comercio español en general un 1% de sus ventas. Al pequeño negocio incluso más. La prevención en el caso de los comerciantes autónomos, que difícilmente pueden costearse sistemas de seguridad complejos, es fundamental.

10 consejos para prevenir hurtos en los pequeños negocios

El hurto está considerado delito leve si el valor de lo sustraído es inferior a 400 euros y conlleva multas de uno a tres meses, es decir, una pena económica diaria por dicho periodo. No por ser una actividad delictiva menor -hasta la reforma del Código Penal en 2015 era considerado como falta- deja de causar un gran perjuicio al comercio, hasta el punto de que la asociación que agrupa a los fabricantes y distribuidores españoles (AECOC) ha cifrado en 1.800 millones de euros anuales el montante de las pérdidas por este motivo, si bien incluye las “sisas” de los propios empleados y los errores de gestión.

Para el comercio minorista los hurtos son una pesadilla. “Cada mes tengo que dar por perdidas varias prendas por hurto que me descuadran los resultados”, afirma Lucía Agrelo, propietaria de una tienda de ropa. “Ya me he vuelto un detective inconsciente y hasta neurótica, pero cada movimiento extraño de una cliente me parece que se debe a que se llevan prendas sin pagar”, explica. 

Precisamente, la vigilancia a la clientela es un punto fundamental. El pequeño comercio no es proclive, por razones de coste, a disponer de grandes medidas de seguridad, si bien cada vez son más los comerciantes que invierten en este apartado. Por ello, la prevención, y la astucia en muchos momentos, es la clave. La Policía, las empresas del sector de seguridad y los propios autónomos resumen la acción preventiva en estos 10 consejos:

  • No hay que dejarse llevar por la apariencia de los clientes. Un hurtador lo puede ser cualquiera, desde adolescentes a señoras mayores muy bien arregladas. El hurto es una actividad que puede estar motivada por modas, apuestas, trastornos psicológicos, necesidad o afán económico. Por lo tanto, la atención a las actitudes de un determinado cliente es lo principal, no una apariencia física concreta.
  • Estas actitudes están muy estudiadas. Por regla general, la persona o personas que tienen intención de hurtar en una tienda, se dan varias vueltas por el local, no se dirigen a los empleados del negocio, suelen mirar al techo y las esquinas por si hay cámaras de seguridad y preguntan generalidades sin fijarse en ningún producto concreto.
  • Si esta actitud coincide con que el cliente, o falso cliente, lleva determinados objetos, el hurto es casi seguro. Por ejemplo, es muy común que lleve un gran bolso o bolsas de plástico semi vacías. También puede portar prendas muy holgadas como abrigos en invierno, guardapolvos veraniegos o chubasqueros de más talla, pues son las que le sirven para esconder los productos que va a hurtar. Cuidado con los inocentes carritos para bebés, ya que está demostrado que es uno de los elementos más utilizados para llevarse artículos sin pagar. De ahí la advertencia de los expertos de no dejarse llevar por la apariencia externa de una persona. Y la Policía, en la “Guía para un Comercio Seguro”, publicada por el Ministerio del Interior y el Ministerio de Economía, advierte de un caso no tan infrecuente: el del cliente que no se quita el casco de la moto dentro de la tienda, del que hay que desconfiar ya.
  • Evitar los puntos ciegos en el local. Si no se disponen de cámaras de seguridad, la vista del propietario y los empleados no suelen cubrir por entero el establecimiento. Colocar espejos en determinadas esquinas para controlar los movimientos es más eficaz de lo que parece.
  • En relación con el espacio, la colocación de la caja también es muy importante. Si el punto donde se cobra a los clientes está cerca de la puerta, los “amigos de lo ajeno” no tienen un espacio libre con productos sin control hasta la salida. Es decir, que una vez que ha debido pagar lo que se lleva, no se le da oportunidad ni tentación al disponer de más artículos en su recorrido hacia la salida.
  • Compartir códigos con los empleados. De la misma manera que los hurtadores, cuando van en pareja o en grupo, utilizan entre ellos contraseñas visuales, auditivas y verbales para realizar las sustracciones, el personal del negocio debe poder comunicarse en silencio cuando hay la mínima sospecha. Para no alertar a los posibles delincuentes, al resto de los clientes o para no equivocarse al recelar de una persona honrada, es conveniente tener pactadas señales que no sean detectadas por los demás.
  • Una recomendación de la Policía es que todo establecimiento comercial disponga de un timbre en la puerta. Ya ha quedado claro que la apariencia no lo es todo, pero es importante tener una mínima vigilancia de quien accede al local. Un ejemplo: aunque parezca mentira, hay personas que vuelven una y otra vez a hurtar en el mismo comercio, con el convencimiento de que no van a ser reconocidos. 
  • Tener la tienda ordenada. Es un consejo básico. Si la mercancía está en orden, es mucho más fácil detectar si falta algo y de una forma rápida. Así, si alguien se lleva algo puede ser interceptado incluso antes de salir del local.
  • En comercios donde se utiliza mucho el mostrador para enseñar productos de pequeño tamaño (joyerías o ferreterías, por ejemplo), se recomienda que este elemento no tenga recovecos ni salientes sino que sea de una pieza. Una de las técnicas más utilizadas para hurtos y robos, y publicitada por la Policía, es la “del chicle”. Un primer “cliente” coloca un chicle gastado en una parte del mostrador que no está a la vista. Con destreza, puede llevarse el artículo hasta donde está el chicle y dejarlo allí pegado. Un cómplice entra después en la tienda y lo recoge. Simple pero eficaz…y muy al día.
  • En las tiendas de ropa, es aconsejable vigilar los probadores. Aunque se tenga constancia de las prendas que se ha llevado el cliente no conocido, no es raro que se lleve alguna una vez que ha entrado en el probador si es lo que pretende.

10 consejos para prevenir hurtos en los pequeños negocios